viernes 5 de febrero de 2010

Afectación en el habla

'Archisílabos' a tutiplén

AURELIO ARTETA 05/02/2010
A los archisílabos les espera larga vida entre nosotros. Me lo temía al observar que no ha desaparecido del mercado lingüístico ni uno sólo de los varios cientos ya divulgados; o cuando se constata, al contrario, la fruición con que los hablantes los siguen creando o paladeando.
Funcionarios, periodistas, políticos, profesores universitarios y expertos de todo pelaje andan empeñados en inventar o escoger palabras largas que suplanten a otras de igual significado, aunque más breves. Pero la certeza del triunfo del archisílabo la tuve el día en que escuché una diferenciación en boca de un académico de la Lengua..., justo en el momento en que él mismo reprobaba la moda delarchisílabo.
Si hasta aquí ha llegado la marea, a lo mejor es momento de entregar otra nueva remesa de estos términos hinchados y con los que buscamos hincharnos. Dado el caso citado, ¿empezaremos con los que se estiran gracias a coser el sufijo -ción a ese cuerpo tenido por raquítico? Pues en esa bolsa se meten en los últimos tiempos la tutorización en vez de la 'tutoría', la matización por el 'matiz', laexceptuación en lugar de la 'excepción', la habituación que es nada más que 'costumbre' o 'hábito', o la afectación cuando quiere decirse 'afección' o 'daño'. La mayoría prefiere hoy la suposición al 'supuesto', la titulación al 'título', la finalización al 'final' y la ejercitación al 'ejercicio'. Es verdad que, de momento, sólo los más pedantes emplean la secuenciación por la 'secuencia', la postulación por el 'postulado', o la transversalización por vaya usted a saber..., pero la dolencia es contagiosa y todo llegará. El policía ya no le pregunta a uno por su 'domicilio', sino por su domiciliación, igual que el funcionario no nos pide el 'certificado', sino la certificación.
Bien es verdad que a muchos archisílabos les ayuda la ignorancia de las lenguas clásicas por parte de quienes los acuñan o seleccionan. Y por ahí se nos cuelan la asertación para decir 'aserción' o 'aserto', así como coaligación para referirse a una 'coalición' o la amenaza de excomulgación, no de 'excomunión', que lanzaron el otro día contra nuestro presidente del Congreso. Nos enteramos de que el pesquero español sufrió una interceptación de los piratas, porque casi ningún informador sabe construir 'intercepción'. Los señores de la industria, que antes obtenían 'financiación' y ahora hablan de financiarización (¿), nos obsequian un día con la flexibilización de sus plantillas y al otro con una desaceleración de sus ventas. Mientras ellos exigen la desregula(riza)ción, los sindicatos claman contra la fragilización del empleo. Lo de la modelización, francamente,aún no lo he pillado. En cambio, es notorio que la 'síntesis' ya va para sintetización, la 'mediación' asciende aintermediación, el 'ocultamiento' muda en invisibilización y hay partidos políticos que acusan a otros de parcialización (quiero suponer que de 'sectarismo'). ¿Entienden entonces por qué el creador del Padre Brown bramaba contra "el polisílabo, ese enorme y viscoso ciempiés..."?
Salta a la vista que otra familia de estos crecidos vocablos florece a una con el gusto por la abstracción que por aquí arrasa, pese al índice de fracaso escolar. En cuanto nos dejan, abandonamos la 'esencia' para ir directos a la esencialidad, la 'sustancia' para atender más bien a la sustantividad, la 'circunstancia' para refugiarnos en la circunstancialidad y hasta la 'diferencia' palidece ante ladiferencialidad.
Las formaciones políticas se disputan la centralidad, no simplemente el centro, y el Gobierno propone políticas de sostenibilidad porque ya no valen las de 'sostenimiento'. Si antes la regla tenía su 'excepción', ahora tiene su excepcionalidad. Habrán de saber que la novela actual no cultiva el género de la 'ficción', sino el de la ficcionalidad y los mejores novelistas, perdida la 'sutileza', derrochansutilidad. Hay muchos que se entregan a su afición con cierta habitualidad, cuando antes se dedicaban a ello con alguna 'frecuencia'. Bastantes lectores se atienen a la literalidad de lo escrito, en lugar de atenerse a la 'letra'. Y si ustedes leyeran despacio los prospectos técnicos, se enterarían de que sus aparatos cuentan con un dispositivo de conectividad, o sea, de 'conexión'; e incluyen mejoras deusabilidad, pero no de 'uso'...
Unos cuantos verbos (y sus derivados) han sufrido también estiramientos faciales que no siempre les favorecen. Para referirse a 'toma de conciencia', se ha pasado desde el feo concienciar de mis tiempos mozos a los aún más horrísonos concientizar y a su correspondiente concientización. Ya tiene también sus añitos el subjetivizar, que nada añade a 'subjetivar', salvo una sílaba; más recientes son el basamentar por 'basar' o el direccionar en lugar de 'dirigir' (y con ello el direccionamiento en el sentido de 'dirección' espacial). Si ya conocíamos el posicionar, ahora decimos reposicionar para resituar o recolocar; lo mismo que al dimensionar han de seguirle el redimensionar y el redimensionamiento. 'Plasmar' se ha esfumado ante el materializar, que vale tanto para cumplir un proyecto como para meter un gol. Imaginen el brillante juego de participios que todo esto permite. Igual que el descenso de temperaturas será siempre generalizado y nunca 'general', lo jerarquizado ha desplazado a 'jerárquico', lo individualizado a 'individual' y lo globalizado a 'global'.
Junto a múltiples expresiones verbales ya apuntadas en anteriores entregas, se nos vienen encima neologismos temibles. De algunos con los que he topado no sabría dar su versión aproximada, como elconfesionalizar o el sectorizar. De otros sólo sé lo que me cuentan: que en Lógica el precioso implicatar alude a 'implicar' o 'suponer' e implicatación a 'supuesto'; o que la jerga judicial y la bancaria han estampado el aperturar porque 'abrir' les sabía a poco.
Las variedades de archisílabos son inagotables para un oído al acecho. El mío ha captado este último año que el 'desplome' está dejando paso al desplomamiento, que al 'refuerzo' muchos prefieren un buen reforzamiento o que un conflicto entre amigos no produce su 'distancia', sino su distanciamiento. Conozco a quienes, lejos de haber recibido un buen 'trato' en aquel hotel, recibieron un buentratamiento. El objetivo 'final' resulta más pomposo si se vuelve finalista, aun cuando el 'analista' se queda corto frente al analizador y el 'mediador' o 'intermediario' frente al intermediador. Eso sí, al 'colaborador' algunos le llaman colaborativo, y, por si les interesa, los faros de mi nuevo coche son adaptativos, no 'adaptables'. Se habrán fijado que nuestro ejército no cuenta con tantos soldados, sino con tantos efectivos.
Hoy tiende a convertirse todo 'aislamiento' en aislacionismo, lo mismo que cualquier 'reducción' es fruto de un premeditado reduccionismo o que la 'oposición' siempre hace un perversooposicionismo. Algo tendrán que ver con el saber del 'empresario' -emprendedor, ya me entienden- los cursos de emprendurismo, así como el incrementalismo con el que acabo de tropezar seguro que alude a algún 'aumento'. Me barrunto que sumatorio es como un 'sumario' pero más largo, de igual modo que la 'recopilación' ha dado en recopilatorio. Y puedo asegurarles, en fin, que hay asignaturas universitarias cuyos temas no componen un programa 'disciplinar', sino un programa disciplinario.
Ya lo dejó escrito Chesterton: corren tiempos en que "no importa lo que digas mientras lo digas con palabras largas y cara larga". No les digo más.

domingo 31 de enero de 2010

El odio, motor universal


http://www.elpais.com//articulo/internacional/Villepin/sobrevive/respira/Sarkozy/tiembla/elpepiint/20100131elpepiint_3/Tes

Villepin sobrevive, respira y... Sarkozy tiembla

La absolución del ex primer ministro le catapulta como alternativa presidencial

ANTONIO JIMÉNEZ BARCA - París - 31/01/2010
Para soportar las humillantes sesiones de un juicio del que dependía su honorabilidad y su futuro, el acusado Dominique de Villepin buscó en el sótano de su profunda cultura libresca un modelo a su medida en quien identificarse. Y lo encontró: el poeta Guillaume Apollinaire, arrestado en 1911 por cómplice del robo de La Gioconda del Museo del Louvre. Villepin, ex primer ministro, ex ministro de Asuntos Exteriores, el distinguido y literario político francés de atractiva melena blanca, encarnó en febrero de 2003 el rechazo de Francia (y del resto del mundo) a la guerra de Irak en un memorable discurso ante la ONU. Durante el juicio, además de imaginarse como Apollinaire (acusado como él, sobre todo, por frecuentar compañías dudosas), se dedicó a contar las bombillas de las lámparas de la vieja sala del tribunal donde en su tiempo fue juzgada María Antonieta ("Hay 144", le ha confesado a la periodista Anna Cabana).
Mientras, Nicolas Sarkozy, presidente de la República, su viejo rival político y detestado adversario (llevan enfrentándose desde 1994), el hombre que, según Villepin, le había conducido hasta ese banquillo deshonroso desde el que podía despeñarse para siempre, se reservaba cada noche unos jugosos minutos en su agenda de jefe del Estado para hablar con su abogado personal, presente en el juicio como parte de la acusación particular, y preguntarle detalles golosos de cada sesión.
Sarkozy ya lo prometió en 2004, cuando se enteró de que, con intención de desacreditarle, alguien -el mismo Villepin, se suponía entonces- había ordenado incluir su nombre en unas listas falsas del banco Clearstream: "Colgaré de un gancho de carnicero a los responsables de esto". La frase macarra se ha convertido ya en un clásico de la política francesa y en una especie de radiografía resumida de los odios que confluyen en el denominado caso Clearstream.
Ejerciendo astutamente el papel de víctima y de agraviado, Sarkozy ganó los primeros puntos en el combate durante los años que duró la instrucción del proceso. Fue entonces cuando decidió aplastar a su viejo rival para siempre. No le bastaba haberlo derrotado en el terreno político al haber sido nombrado líder de la derecha y presidente de la República en 2007. No. Además, quería aniquilar a Villepin, destruirlo, colgarlo del dichoso gancho. El ex primer ministro ha asegurado que no tiene dudas de que Sarkozy maniobró en instancias judiciales para que tuviera que sentarse en el banquillo de los acusados a contar bombillas. De hecho, el abogado de Sarkozy se personó como parte acusatoria y presionó y preguntó al acusado con saña en los interrogatorios.
La táctica de ajedrez del actual presidente de la República era evidente: con un juicio que iba a durar más de un mes y que iba a monopolizar la escena política francesa, con una relación venenosa que se iba a airear con los otros miembros de la trama (las dudosas compañías del nuevo Apollinaire), Villepin quedaría herido de muerte. Sarkozy se lo jugó todo a esa carta vengativa, la de la derrota judicial y definitiva de su adversario para acabar de una vez por todas con su historia de enfrentamiento y menosprecio mutuo.
Pero perdió.
La sentencia absolutoria de Villepin, hecha pública el jueves, no sólo rescata al ex primer ministro del olvido, sino que, en un inesperado efecto bumerán, lo ha catapultado en la escena política hasta convertirlo, de nuevo, en un oponente a Sarkozy para las elecciones presidenciales de 2012. El juicio por el caso Clearstream no ha significado la tumba de Villepin sino, paradójicamente, su trampolín, le ha convertido de un día para otro en el anti-Sarkozy de la derecha, opuesto a él en todo, en temperamento, carácter, aficiones, amistades, cultura, gustos y estilo... menos en el caladero electoral.
Astutamente, Villepin robó a Sarkozy el primer día del juicio ese papel de víctima que tan buenos resultados da. Antes de entrar en la sala declaró solemnemente delante de un muro de periodistas: "Estoy aquí por el ensañamiento de un hombre: Nicolas Sarkozy".
El viernes, después de enterarse de que la fiscalía de París recurrirá la sentencia, convencido de que la decisión parte del Elíseo, persistió en ese papel dispuesto a rentabilizarlo hasta el final: "Sarkozy sigue empeñado en el encarnizamiento y el odio".
Un miembro del Gobierno francés aseguraba el viernes en el periódico Le Parisien que Sarkozy se equivocó al tratar de estrangular a Villepin cuando le tenía vencido: "Una vez elegido presidente, debería haber pasado a otra cosa. Villepin estaba dispuesto a pasar página con una embajada lustrosa o un puesto internacional. Estaba harto de la política. Ahora se ha convertido en un mártir y en una bestia política". Carece de partido y de estructura, pero un sondeo le pronostica un 8% de votos en la primera ronda de las elecciones presidenciales. Lo suficiente como para inquietar a Sarkozy.
Durante el juicio, Villepin se defendió con contundencia y eficacia. A sus 56 años, este hombre elegante y distinguido de 1,93 de estatura aguantó de pie el día entero de su declaración sin titubear ni desfallecer. No en vano se había preparado desde hacía meses corriendo una hora y media al día. Ni una vez durante el mes largo en que duró el juicio el ex primer ministro cruzó la mirada ni la palabra con los otros principales acusados, el paranoico Jean-Louis Gergorin, cerebro atormentado de toda la trama, y el inteligente y mentiroso Imad Lahoud, el hábil informático que falsificó las listas. No se mezcló con ellos. Y la sentencia los separa definitivamente, precisando que Gergorin manipuló a Villepin, reforzando así su provechoso papel de víctima.
No sólo eso. La citada periodista Anna Cabana, en un reciente libro titulado La verticale du fou dedicado al ex primer ministro, asegura que fue precisamente ese juicio lo que ha decidido a Villepin a continuar en su lucha política "al más alto nivel".
De ser cierto, en esas semanas en que sentado al lado de dos falsificadores contó las 144 bombillas pensando en su destino y en el de Apollinaire (que fue absuelto también, dicho sea de paso), Villepin se convenció de que su enemigo Sarkozy, infligiéndole ese castigo, le indicaba lo que debía hacer en cuanto saliera de allí: seguir combatiéndole.

sábado 30 de enero de 2010

Treblinka: el horror y el nacional catolicismo


Treblinka: el campo de la muerte
El número de personas asesinadas en ese campo de exterminio nazi, conocido como la fábrica de cadáveres, podría llegar a un millón 400 mil
José María Pérez Gay
 
Periódico La Jornada
Sábado 30 de enero de 2010, p. 32
Según el diccionario latino-español de Agustín Blánquez Fraile, Sacer significasagrado, consagrado, sacro, aunque también maldito, execrable, abominable, detestable. Giorgio Agamben, el filósofo italiano, encontró el concepto y lo puso en circulación –hace una decena de años– en su libro Homo Sacer: el poder soberano y la nuda vidaEl protagonista central de este libro es la vida nuda y vínculada, escribe Agamben, es decir, “la vida del homo sacer que se puede quitar y sacrificar”. Se trata de una sospechosa figura del derecho romano arcaico, Sacer que incluye la vida humana en el orden jurídico sólo en forma de exclusión, es decir, en la posibilidad de darle muerte sin sanción.
Ningún ejemplo más radical del concepto del homo sacer que el campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau –cuyos prisioneros vivieron su liberación hace 65 años. Un millón de muertos en el campo son demasiada gente, un universo concentracionario irrepetible, la fábrica de cadáveres del horror y la muerte. Por esa misma razón, Agamben escribió muchos años después Lo que queda de Auschwitz: el archivo y el testigo (2000).
Desde la perspectiva del historiador, conocemos, hasta en los detalles mínimos, lo que sucedía en Auschwitz durante la fase final de su exterminio, los deportados eran conducidos a las cámaras de gas por una escuadra integrada por sus propios compañeros judíos, los llamados Sonderkommando, que se ocupaba de sacar de allí los cadáveres, de lavarlos, de recuperar los dientes de oro y el cabello de los cuerpos antes de ponerlos en los hornos crematorios.
Quizá no hay nadie que haya expuesto con mayor inmediatez esa divergencia y ese desasosiego, como Salmen Lewental, un integrante de los Sonderkommando, que escribió sus testimonios en unas hojillas enterradas muy cerca del crematorio III, que salieron a la luz 17 años después de la liberación de Auschwitz: “Ningún ser humano puede imaginarse los acontecimientos tan exactamente como se produjeron, y de hecho es inimaginable que nuestras experiencias puedan ser restituidas tan exactamente como se produjeron (…) nosotros, un pequeño grupo de gente oscura que no dará demasiado que hacer a los historiadores”. Salmen Lewental se equivocó radicalmente.
El campo de Treblinka empezó a trabajar cuando, el 24 de julio de 1942, se inició la deportación de judíos: “De acuerdo al informe de las SS Brigadenführer Jürgen Stroop”, un total de 310 mil judíos fueron llevados en trenes de carga desde el gueto de Varsovia a Treblinka durante el periodo comprendido entre el 22 de julio y el 3 de octubre de 1942.
La vía del tren se extendía desde la estación ferroviaria de Treblinka hasta dentro del campo. Había dos barracas cerca de las vías del tren que eran utilizadas para almacenar las pertenencias de los prisioneros. Una estaba disfrazada para parecer una estación de tren. Había otros dos edificios a 100 metros de las vías. Contenían las ropas y pertenencias de los prisioneros. Una era utilizada como un cuarto para que las mujeres se desvistieran, en donde de la misma manera recibían un corte de cabello.
Había un oficial de caja, quien recolectaba el dinero y las joyas para guardarlas en un lugar seguro, una enfermería, donde incluso, viejos o ya fallecidos eran llevados, y una pequeña barraca con el símbolo de la Cruz Roja. Ahí, los prisioneros eran llevados a la orilla de una hoguera para ser quemados. Tenían que hacer este viaje desnudos antes de que les dispararan en la nuca.
Desde su entrevista con el SS Unterschaführer Franz Suchomel, Claude Lanzmann nos cuenta en su espléndido documental, Shoah, sobre los primeros días de Treblinka en agosto de 1942:
“Cuando llegué, Treblinka estaba trabajando a toda su capacidad. El gueto de Varsovia estaba siendo evacuado por ese entonces. Tres o cuatro trenes llegaron en dos días, cada uno con tres, cuatro, cinco mil personas a bordo, todas de Varsovia (...) Así que llegaron tres o cuatro trenes, y desde que la ofensiva contra Stalingrado estaba en su culminación, los convoyes de judíos los abandonaban a un lado de la estación de tren. Lo que es más, los vagones eran franceses, hechos de acero. Así que mientras cinco mil judíos llegaban a Treblinka, tres mil morían en los vagones. Habían intentado suicidarse cortándose las venas. Los ju-díos que bajaban del tren, la mitad estaban muertos y la otra mitad dementes. En los otros trenes que venían de Kielce y otras partes, al menos la mitad estaba muerta. Los amontonábamos en el andén. Miles de personas amontonadas una encima de la otra en la rampa. Amontonadas como madera. Además de esto, otros judíos, que aún estaban vivos, esperaban ahí durante dos días: las pequeñas cámaras de gas no podían darse abasto. Las cámaras funcionaron día y noche durante aquel periodo. Cuando comenzaron los bombardeos aliados, el grito de los guardias: Krematorium ausmachen! (¡Apagad los hornos crematorios!)”
El trabajo lo hacían cuadrillas especiales, los Sonderkommandos, prisioneros judíos dispuestos a todo por sobrevivir. La cuadrilla azul era responsable de descargar el tren, cargar el equipaje y limpiar los vagones. La cuadrilla azul tenía la tarea además de desvestir a los pasajeros y llevar sus ropas al área de almacenamiento.
Los goldjuden –judíos de oro– se encargaban de administrar el dinero, oro, acciones y joyería. Efectuaban una búsqueda minuciosa en los prisioneros antes de enviarlos a las cámaras de gas. La dentista abría las bocas de los muertos y sacaba el oro de los dientes. Uno de los oficiales de la SS más crueles y responsables de crímenes contra la humanidad en el campo de Treblinka fue el SS UntersturmführerKurt Franz.
El campo de Treblinka se cerró ante el temor de los nazis de que el centro de exterminio fuese descubierto por los ejércitos soviéticos. En 1965, después de un informe del doctor Helmut Kraunsnick, director del Instituto para la Historia Contemporánea en Munich, la Corte de Casación en Düsseldorf concluyó que el número de personas asesinadas en Treblinka ascendía al menos a 700 mil. En 1969, la misma corte, después de tener nuevas evidencias reveladas en un informe por el demógrafo experto doctor Sheffler, elevó el número a 900 mil. De acuerdo con los guardias alemanes y ucranianos que estaban estacionados en Treblinka, se cree que el número de víctimas fatales fue entre un millón y un millón 400 mil. Entre los que perecieron estuvo Lidia Zamenhof, hija del iniciador del esperanto, L. L. Zamenhof.
Cuando llegué a Berlín Occidental se estrenaba la obra de teatro El Vicario (Der Stellvertreter), de Rolf Hochhuth, bajo la dirección de Erwin Piscator. El estreno fue un gran escándalo público. Rolf Hochhut acusaba a Eugenio Pacelli, Pío XII, de haber guardado silencio ante el judeocidio, por lo tanto el mismísimo Papa era también culpable. Recuerdo que una calle del barrio de Dahlem se llamaba Eugenio Pacelli. Por una orden directa de la alcaldía fue retirado el nombre de Pacelli y cambiaron el nombre a la calle.

lunes 18 de enero de 2010

AH1N1: entretelones de un fraude

El siguiente artículo, me fue remitido por el QFB Serafín Cruz Sánchez a quien le agradezco que lo haya compartido


El Dr. Gripe
Al acecho
Juan Gelman


Es el apodo del profesor Albert Osterhaus, celebradísimo y respetadísimo especialista en virología que cuenta entre sus logros científicos la detección —entre otros— del virus de la gripe aviar y últimamente el de la gripe H1N1 o gripe A. Ha alertado infatigablemente acerca de los peligros de la última y su equipo hasta preparó a esos efectos un videojuego en el que se recuerda la pavorosa gripa española que segó la vida de 40 millones de personas en 1918. Consejero eminente de la Organización Mundial de la Salud (OMS), habría contribuido a que el organismo de las Naciones Unidas estableciera que el virus H1N1 había desatado una pandemia, con la consiguiente ola de temor que recorrió el planeta. El prestigio del Dr. Gripe padece hoy una declinación abrupta: se lo investigó por corrupción.
La cámara baja neerlandesa, sospechando un grueso conflicto de intereses y/o una posible malversación, creó un comité parlamentario para indagar un hecho inquietante: alimentadas por empresas farmacéuticas, las cuentas bancarias del profesor Osterhaus habrían engordado a la vez que la OMS incrementaba la cota de peligro del virus H1N1 hasta instalarlo en el nivel 6 de “urgencia pandémica” (www.theflucase.com, 3-12-09). El semanario científico británico Science apuntó sobre el tema: “En los últimos seis meses, rara vez se encendía un televisor en los Países Bajos sin ver al afamado cazador de virus Albert Osterhaus hablando de la pandemia de gripa A. O así lo parecía. Osterhaus dirige un laboratorio de virología renombrado internacionalmente en el Centro Médico Erasmus (sito en Rotterdam). Pero la semana pasada su reputación cayó en picada cuando se adujo que estaba azuzando el temor a una pandemia para promover sus propios intereses comerciales en el desarrollo de vacunas” (www.sciencemag.org, 16-10-09). Según The Market Oracle, informativo diario online sobre cuestiones financieras, el Dr. Gripe “es el nexo de una red internacional que se conoce como ‘la Mafia farmacéutica’” (www.marketoracle.co.uk, 8-12-09).
El cuerpo parlamentario de los Países Bajos rechazó finalmente la moción de romper todo vínculo con el virólogo, aunque anunció una ley que obligará a los científicos que asesoran al gobierno a revelar sus vínculos financieros con empresas privadas. En tanto, una investigación del reconocido periodista, historiador y analista de cuestiones económicas F. William Engdahl llega a la conclusión de que el Dr. Gripe “pudiera ser el eje de una estafa de varios miles de millones de dólares montada alrededor del peligro de una pandemia. Se trataría de un fraudulento sistema por el que vacunas no sometidas a los necesarios procesos de ensayo estarían siendo utilizadas en seres humanos, lo cual conlleva el riesgo —que ya se ha observado— de provocar serias secuelas, como parálisis graves e incluso la muerte” (www.voltairenet.org). Casi nada.
Engdahl señala que el Dr. Gripe preside el Grupo Europeo de Trabajo Científico sobre la Gripa (ESWI, por sus siglas en inglés) que asesora a la OMS y que “está enteramente financiado por los mismos laboratorios farmacéuticos que ganan miles de millones gracias a la urgencia pandémica, mientras que los anuncios que hizo la OMS obligan a los gobiernos del mundo entero a comprar y almacenar vacunas. El ESWI recibe financiamientos procedentes de los fabricantes y distribuidores de vacunas contra el H1N1, como Baxter Vaccins, Mediummune, GlaxoSmithKline, Sanofi Pasteur y otros, entre los que se encuentran Novartis, que produce la vacuna, y el distribuidor de Tamiflu, Hoffman-La Roche”. Los grandes, pues. El ESWI insistía en que la gripe A podía convertirse en una pandemia tan feroz como la causada por la gripa española y Engdahl recoge una estimación del banco JP Morgan: gracias a la alerta de pandemia declarada por la OMS, los grandes industriales farmacéuticos podían acumular entre 7,500 millones y diez mil millones de dólares de ganancias.
¿Y el papel de la OMS en todo esto? El número de muertes que el virus H1N1 causó no alcanza el nivel de una pandemia y Engdahl cita las declaraciones que el epistemólogo Tom Jefferson formuló en una entrevista concedida a Der Spiegel (21-7-09): recordó que la OMS dio a conocer en abril de 2009 una nueva definición de “pandemia” de la que habían desaparecido conceptos anteriores: “La vieja definición-indicó Jefferson- remitía a un virus nuevo, de rápida propagación para el que no existe inmunidad y que provoca una alta tasa de enfermos y de muertes. Hoy estos dos últimos parámetros sobre las tasas de infección han sido suprimidos y fue así cómo la gripe A entró en la categoría de las pandemias”.
Engdahl propone una explicación del oportuno corte: en virtud de las alianzas entre sectores públicos y privados que la OMS ha alentado en la última década, el organismo recibe de las empresas privadas, además de los fondos proporcionados por los gobiernos, “cerca del doble del presupuesto que habitualmente le destina la ONU, en forma de becas y de ayudas financieras. Esos fondos proceden de los mismos fabricantes de vacunas que se benefician con decisiones oficiales como la adoptada en junio de 2009 sobre la urgencia endémica del virus H1N1”. Si así fuere, la OMS habría ayudado al Dr. Gripe a mantener en vilo al mundo entero en beneficio multimillonario de unos pocos.

sábado 16 de enero de 2010

Galeano: Los pecados de Haití

Los pecados de Haití

por Eduardo Galeano
La democracia haitiana nació hace un ratito. En su breve tiempo de vida, esta criatura hambrienta y enferma no ha recibido más que bofetadas. Estaba recién nacida, en los días de fiesta de 1991, cuando fue asesinada por el cuartelazo del general Raoul Cedras. Tres años más tarde, resucitó. Después de haber puesto y sacado a tantos dictadores militares, Estados Unidos sacó y puso al presidente Jean-Bertrand Aristide, que había sido el primer gobernante electo por voto popular en toda la historia de Haití y que había tenido la loca ocurrencia de querer un país menos injusto.

El voto y el veto

Para borrar las huellas de la participación estadounidense en la dictadura carnicera del general Cedras, los infantes de marina se llevaron 160 mil páginas de los archivos secretos. Aristide regresó encadenado. Le dieron permiso para recuperar el gobierno, pero le prohibieron el poder. Su sucesor, René Préval, obtuvo casi el 90 por ciento de los votos, pero más poder que Préval tiene cualquier mandón de cuarta categoría del Fondo Monetario o del Banco Mundial, aunque el pueblo haitiano no lo haya elegido ni con un voto siquiera.
Más que el voto, puede el veto. Veto a las reformas: cada vez que Préval, o alguno de sus ministros, pide créditos internacionales para dar pan a los hambrientos, letras a los analfabetos o tierra a los campesinos, no recibe respuesta, o le contestan ordenándole:
-Recite la lección. Y como el gobierno haitiano no termina de aprender que hay que desmantelar los pocos servicios públicos que quedan, últimos pobres amparos para uno de los pueblos más desamparados del mundo, los profesores dan por perdido el examen.

La coartada demográfica

A fines del año pasado cuatro diputados alemanes visitaron Haití. No bien llegaron, la miseria del pueblo les golpeó los ojos. Entonces el embajador de Alemania les explicó, en Port-au-Prince, cuál es el problema:
-Este es un país superpoblado -dijo-. La mujer haitiana siempre quiere, y el hombre haitiano siempre puede.
Y se rió. Los diputados callaron. Esa noche, uno de ellos, Winfried Wolf, consultó las cifras. Y comprobó que Haití es, con El Salvador, el país más superpoblado de las Américas, pero está tan superpoblado como Alemania: tiene casi la misma cantidad de habitantes por quilómetro cuadrado.
En sus días en Haití, el diputado Wolf no sólo fue golpeado por la miseria: también fue deslumbrado por la capacidad de belleza de los pintores populares. Y llegó a la conclusión de que Haití está superpoblado... de artistas.
En realidad, la coartada demográfica es más o menos reciente. Hasta hace algunos años, las potencias occidentales hablaban más claro.

La tradición racista

Estados Unidos invadió Haití en 1915 y gobernó el país hasta 1934. Se retiró cuando logró sus dos objetivos: cobrar las deudas del City Bank y derogar el artículo constitucional que prohibía vender plantaciones a los extranjeros. Entonces Robert Lansing, secretario de Estado, justificó la larga y feroz ocupación militar explicando que la raza negra es incapaz de gobernarse a sí misma, que tiene "una tendencia inherente a la vida salvaje y una incapacidad física de civilización". Uno de los responsables de la invasión, William Philips, había incubado tiempo antes la sagaz idea: "Este es un pueblo inferior, incapaz de conservar la civilización que habían dejado los franceses".
Haití había sido la perla de la corona, la colonia más rica de Francia: una gran plantación de azúcar, con mano de obra esclava. En El espíritu de las leyes, Montesquieu lo había explicado sin pelos en la lengua: "El azúcar sería demasiado caro si no trabajaran los esclavos en su producción. Dichos esclavos son negros desde los pies hasta la cabeza y tienen la nariz tan aplastada que es casi imposible tenerles lástima. Resulta impensable que Dios, que es un ser muy sabio, haya puesto un alma, y sobre todo un alma buena, en un cuerpo enteramente negro".
En cambio, Dios había puesto un látigo en la mano del mayoral. Los esclavos no se distinguían por su voluntad de trabajo. Los negros eran esclavos por naturaleza vagos también por naturaleza, y la naturaleza, cómplice del orden social, era obra de Dios: el esclavo debía servir al amo y el amo debía castigar al esclavo, que no mostraba el menor entusiasmo a la hora de cumplir con el designio divino. Karl von Linneo, contemporáneo de Montesquieu, había retratado al negro con precisión científica: "Vagabundo, perezoso, negligente, indolente y de costumbres disolutas". Más generosamente, otro contemporáneo, David Hume, había comprobado que el negro "puede desarrollar ciertas habilidades humanas, como el loro que habla algunas palabras".

La humillación imperdonable

En 1803 los negros de Haití propinaron tremenda paliza a las tropas de Napoleón Bonaparte, y Europa no perdonó jamás esta humillación infligida a la raza blanca. Haití fue el primer país libre de las Américas. Estados Unidos había conquistado antes su independencia, pero tenía medio millón de esclavos trabajando en las plantaciones de algodón y de tabaco. Jefferson, que era dueño de esclavos, decía que todos los hombres son iguales, pero también decía que los negros han sido, son y serán inferiores.
La bandera de los libres se alzó sobre las ruinas. La tierra haitiana había sido devastada por el monocultivo del azúcar y arrasada por las calamidades de la guerra contra Francia, y una tercera parte de la población había caído en el combate. Entonces empezó el bloqueo. La nación recién nacida fue condenada a la soledad. Nadie le compraba, nadie le vendía, nadie la reconocía.

El delito de la dignidad

Ni siquiera Simón Bolívar, que tan valiente supo ser, tuvo el coraje de firmar el reconocimiento diplomático del país negro. Bolívar había podido reiniciar su lucha por la independencia americana, cuando ya España lo había derrotado, gracias al apoyo de Haití. El gobierno haitiano le había entregado siete naves y muchas armas y soldados, con la única condición de que Bolívar liberara a los esclavos, una idea que al Libertador no se le había ocurrido. Bolívar cumplió con este compromiso, pero después de su victoria, cuando ya gobernaba la Gran Colombia, dio la espalda al país que lo había salvado. Y cuando convocó a las naciones americanas a la reunión de Panamá, no invitó a Haití pero invitó a Inglaterra.
Estados Unidos reconoció a Haití recién sesenta años después del fin de la guerra de independencia, mientras Etienne Serres, un genio francés de la anatomía, descubría en París que los negros son primitivos porque tienen poca distancia entre el ombligo y el pene. Para entonces, Haití ya estaba en manos de carniceras dictaduras militares, que destinaban los famélicos recursos del país al pago de la deuda francesa: Europa había impuesto a Haití la obligación de pagar a Francia una indemnización gigantesca, a modo de perdón por haber cometido el delito de la dignidad.

La historia del acoso contra Haití, que en nuestros días tiene dimensiones de tragedia, es también una historia del racismo en la civilización occidental.
http://www.patriagrande.net/uruguay/eduardo.galeano/escritos/los.pecados.de.haiti.htm

lunes 4 de enero de 2010

Sontag-fotos de tortura

Reflexiones de Susan Sontag sobre las fotos de torturas a los presos de la cárcel de Abu Ghraib en Irak

Traducción Aurelio Major
"Estas fotografías somos nosotros, es decir el gobierno de EE.UU.", dice Sontag. Su descarnado análisis del hecho fotográfico en la vida cotidiana, en la guerra y como forma posible de erotismo, crueldad y el placer mismo de ser fotografiado






Durante mucho tiempo —al menos seis decenios— las fotografías han sentado las bases sobre las que se juzgan y recuerdan los conflictos importantes. El museo de la memoria es ya sobre todo visual. Las fotografías ejercen un poder incomparable en determinar lo que recordamos de los acontecimientos, y ahora parece probable que en definitiva la gente por doquier asociará la vil guerra preventiva que Estados Unidos ha librado en Irak el año pasado con las fotografías de la tortura de los prisioneros iraquíes en la más infame cárcel de Sadam Hussein, Abu Ghraib.
El gobierno de Bush y sus defensores se han empeñado sobre todo en contener un desastre de relaciones públicas —la difusión de las fotografías— más que en enfrentar los complejos crímenes políticos y de mando que revelan estas imágenes. En primer lugar, el reemplazo de la realidad con las propias fotografías. La reacción inicial del gobierno consistió en afirmar que el presidente estaba indignado y asqueado con las imágenes: como si la falta o el horror recayera en ella, no en lo que exponen. También se evitó la palabra tortura. Es posible que los prisioneros hayan sido objeto de "maltrato", en última instancia de "humillaciones": eso era lo más que se estaba dispuesto a reconocer. "Mi impresión es que las acusaciones hasta ahora han sido de 'maltrato', lo cual me parece que es distinto en sentido técnico a tortura —afirmó en una conferencia de prensa el Ministro de Defensa Donald Rumsfeld—. Y por lo tanto no pronunciaré la palabra tortura."
Las palabras alteran, las palabras añaden, las palabras quitan. Que se evitara tenazmente la palabra "genocidio", mientras más de ochocientos mil tutsis de Ruanda eran masacrados en unas cuantas semanas por sus vecinos hutus hace diez años, demostró que el gobierno estadounidense no tenía intención alguna de hacer algo al respecto. Negarse a llamar tortura a lo que sucedió en Abu Ghraib —y en otras cárceles de Irak y Afganistán, y en el "Campamento Rayos X" de la bahía de Guantánamo— es tan indignante como negarse a llamar genocidio a lo sucedido en Ruanda. Esta es la definición usual de tortura que consta en las leyes y tratados internacionales de los que Estados Unidos es signatario: "todo acto por el cual se inflija intencionadamente a una persona dolores o sufrimientos graves, ya sean físicos o mentales, con el fin de obtener de ella o de un tercero información o una confesión". (La definición proviene de la Convención Contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes de 1984, y está presente más o menos con la mismas palabras en leyes consuetudinarias y tratados previos, desde el artículo tercero (ver) común a las cuatro convenciones de Ginebra de 1949 y en numerosos convenios recientes sobre derechos humanos, como el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y las Convenciones europeas, africanas e interamericanas de Derechos Humanos.). En la Convención de 1984 se declara expresamente que "en ningún caso podrán invocarse circunstancias excepcionales, tales como estado de guerra o amenaza de guerra, inestabilidad política interna o cualquier otra emergencia pública, como justificación de la tortura". Y todos los convenios sobre tortura especifican que ésta incluye los tratos que pretenden humillar a las víctimas, como abandonar a los prisioneros desnudos en celdas y corredores.
Cualesquiera que sean las acciones que emprenda este gobierno para contener los daños a causa de las crecientes revelaciones de torturas a prisioneros en Abu Ghraib y otros lugares —procesos, juicios militares, inhabilitaciones deshonrosas, renuncia de altos cargos militares y de los funcionarios del gabinete responsables, e importantes compensaciones a las víctimas— es probable que la palabra "tortura" siga estando vedada. El reconocimiento de que los estadounidenses torturan a sus prisioneros refutaría todo lo que este gobierno ha procurado que la gente crea sobre las virtuosas intenciones estadounidenses y la universalidad de sus valores, lo cual es la esencial justificación triunfalista del derecho estadounidense a emprender acciones unilaterales en el escenario mundial en defensa de sus intereses y seguridad.
Incluso cuando el presidente fue al fin obligado, mientras el perjuicio a la reputación del país se extendía y ahondaba en todo el mundo, a enunciar la palabra "perdón", el foco del arrepentimiento aún parecía la lesión a la pretendida superioridad moral estadounidense, a su objetivo hegemónico de traer "la libertad y la democracia" al ignorar Oriente Medio. Sí, el señor Bush afirmó, de pie junto al rey Abdulah II de Jordania el 6 de mayo en Washington, que lamentaba "la humillación que han sufrido los prisioneros iraquíes y la humillación que han sufrido sus familias". Aunque, continuó, "lamento igualmente que la gente no comprendiera al ver estas imágenes el auténtico carácter y corazón de Estados Unidos".
Que el empeño estadounidense en Irak quede compendiado en estas imágenes debe de parecer, entre los que hallaron alguna justificación para una guerra que en efecto derrocó a uno de los tiranos monstruosos del siglo XX, "injusto". Una guerra, una ocupación, es inevitablemente un enorme entramado de acciones. ¿Qué hace que algunas sean y otras no sean representativas? La cuestión no es si la tortura fue obra de unos cuantos individuos (en lugar de "todos") —todas las acciones las realizan individuos— sino si fue sistemática. Autorizada. Condonada. Fue todo lo antedicho. El punto no es si la mayoría o una minoría de estadounidenses ejecutan tales acciones, sino si la naturaleza de las políticas que propugna este gobierno y la jerarquía desplegada a fin de consumarlas hace que estas acciones resulten más probables.
Así consideradas, las fotografías somos nosotros
Es decir, son representativas de las singulares políticas de este gobierno y de las corrupciones fundamentales del dominio colonial. Los belgas en el Congo, los franceses en Argelia, cometieron atrocidades idénticas y sometieron a los despreciados y renuentes nativos con torturas y humillaciones sexuales. Añádase a esta corrupción generalizada la desconcertante y casi absoluta falta de preparación de los dirigentes estadounidenses en Irak para hacer frente a las realidades complejas de un país tras su "liberación", es decir, su conquista. Y añádanse las doctrinas globales del gobierno de Bush, a saber, que Estados Unidos se ha enfrascado en una guerra sin fin (contra un enemigo proteico llamado "terrorismo") y que aquellos detenidos en esta guerra son, si el Presidente lo decide así, "combatientes ilegales" —una política que enunció Donald Rumsfeld desde enero de 2002— y por lo tanto en "sentido técnico", como afirmó Rumsfeld, "no tienen derechos" que ampare la Convención de Ginebra, y se tiene la receta perfecta para las crueldades y los crímenes cometidos contra miles de prisioneros sin cargos y asesoría legal en cárceles gestionadas por estadounidenses y establecidas desde los atentados del 11 de septiembre de 2001.
Así, pues, ¿la cuestión central no son las propias fotografías sino la revelación de lo ocurrido a los "sospechosos" arrestados por Estados Unidos? No: el horror mostrado en las fotografías no puede aislarse del horror del acto de fotografiar, mientras los perpetradores posan, recreándose, junto a sus cautivos indefensos. Los soldados alemanes en la Segunda Guerra Mundial fotografiaron las atrocidades cometidas en Polonia y Rusia, pero las instantáneas en que los verdugos se colocan junto a las víctimas son muy infrecuentes, como puede apreciarse en un libro de reciente publicación, Photographing the Holocaust ("Fotografiar el Holocausto") de Janina Struk. Si existe algo comparable a lo expuesto en estas imágenes serían algunas de las fotos de las víctimas negras de linchamientos efectuados entre 1880 y los años treinta, que muestran la sonrisa de estadounidenses pueblerinos bajo el cuerpo desnudo y mutilado de un hombre o una mujer colgados de un árbol. Las fotografías de linchamientos eran recuerdos de una acción colectiva cuyos participantes sintieron su conducta del todo justificada. Así son las fotografías de Abu Ghraib.
Si hubiera alguna diferencia, sería la diferencia creada por la creciente ubicuidad de las acciones fotográficas. Las imágenes de los linchamientos correspondían a su carácter de trofeo: efectuadas por un fotógrafo cuyo fin era reunirlas y almacenarlas en álbumes; convertirlas en tarjetas postales; exhibirlas. Las fotografías que hicieron los soldados estadounidenses en Abu Ghraib reflejan un cambio en el uso que se hace de las imágenes: menos objeto de conservación que mensajes que han de circular, difundirse. La mayoría de los soldados poseen una cámara digital. Si antaño fotografiar la guerra era terreno de los periodistas gráficos, en la actualidad los soldados mismos son todos fotógrafos —registran su guerra, su esparcimiento, sus observaciones sobre lo que les parece pintoresco, sus atrocidades—, se intercambian imágenes y las envían por correo electrónico a todo el mundo. 
Cada vez hay más registros de lo que la gente hace, por su cuenta. Al menos, o sobre todo en Estados Unidos, el ideal de Andy Warhol de rodar hechos reales en tiempo real —si la vida no está montada ¿por qué debería montarse su registro?— se ha vuelto la norma de millones de transmisiones por Internet, en las que la gente graba su jornada, cada cual en su propio reality show. Aquí me tenéis: despertando, bostezando, desperezándome, cepillándome los dientes, preparando el desayuno, enviando a los chicos al colegio. La gente plasma todos los aspectos de su vida, los almacena en archivos de ordenador, y luego los envía por doquier. La vida familiar acompaña al registro de la vida familiar; incluso cuando, o sobre todo cuando, la familia está en medio de la crisis y el descrédito. Sin duda la incesante entrega a la videograbación doméstica mutua, en conversación o en monólogo, durante muchos años, fue el material más asombroso de Capturing the Friedmans (2003), el documental de Andrew Jarecki sobre una familia de Long Island implicada en acusaciones de pederastia.
La vida erótica es, cada vez para más personas, lo que se puede capturar en las fotografías o el video digital. Y acaso la tortura resulta más atractiva, a fin de registrarla, cuando tiene un cariz sexual. Sin duda es revelador, a medida que más fotografías de Abu Ghraib se presentan a la luz pública, que las fotografías de las torturas se intercalan con imágenes pornográficas: de soldados estadounidenses manteniendo relaciones sexuales entre ellos, así como con prisioneros iraquíes, y de la coerción ejercida sobre estos presos para que ejecuten, o simulen, actos sexuales recíprocos. De hecho, el tema de casi todas las fotografías de torturas es sexual. (Salvo la imagen, ya canónica, del individuo obligado a permanecer de pie sobre una caja, encapuchado y al que le brotan cables, quizás advertido de que si cae será electrocutado.) Con todo, las imágenes de prisioneros atados muchas horas en posiciones dolorosas, o forzados a permanecer de pie otras tantas, con los brazos en alto, son más o menos infrecuentes. No hay duda de que se consideran como tortura: basta ver el terror en el rostro de la víctima. Pero casi todas las imágenes parecen formar parte de una más amplia confluencia de la tortura con la pornografía: una joven que guía a un hombre desnudo con una correa es clásica imaginería de dominación. Y cabe preguntarse en qué medida las torturas sexuales infligidas a los internos de Abu Ghraib hallaron su inspiración en el vasto repertorio de imaginería pornográfica disponible en Internet y que pretenden emular las personas que hoy se transmiten a sí mismas por red.
Vivir "es ser fotografiado", poseer el registro de la propia vida, y, por lo tanto, seguir viviendo, sin reparar, o aseverando que no se repara, en las continuas cortesías de la cámara; o detenerse y posar. Actuar es participar en la comunidad de las acciones registradas como imágenes. La expresión de complacencia ante las torturas infligidas a víctimas indefensas, atadas y desnudas, es sólo parte de la historia. Hay una complacencia primordial en ser fotografiado, a lo cual no se tiende a reaccionar hoy día con una mirada fija, directa y austera (como antaño), sino con regocijo. Los hechos están en parte concebidos para ser fotografiados. La sonrisa es una sonrisa dedicada a la cámara. Algo faltaría si, tras apilar a hombres desnudos, no se les pudiera hacer una foto.
Al mirar estas imágenes, cabe preguntarse ¿cómo puede alguien sonreír ante los sufrimientos y la humillación de otro ser humano? ¿Situar perros guardianes frente los genitales y las piernas de prisioneros desnudos encogidos de miedo? ¿Violar y sodomizar a los prisioneros? ¿Forzar a prisioneros con capucha y grilletes a masturbarse o a cometer actos sexuales entre ellos? Y da la impresión de que es una pregunta ingenua, pues la respuesta es, evidentemente: las personas hacen esto a otras personas. La violación y el dolor infligido a los genitales están entre las formas de tortura más comunes. No sólo en los campos de concentración nazi y en Abu Ghraib cuando lo gestionaba Sadam Hussein. Los estadounidenses, también, lo han hecho y lo siguen haciendo, cuando se les dice o se les incita a sentir que aquellos sobre los cuales ejercen un poder absoluto merecen el maltrato, la humillación, el tormento. Cuando se les lleva a creer que la gente a la que torturan pertenece a una religión o raza inferior y despreciable. Pues la significación de estas imágenes no consiste sólo en que se ejecutaron estos actos, sino en que sus perpetradores no supusieron nada condenable en lo que muestran las imágenes. Y lo más detestable, pues se pretendía que las fotos circularan y mucha gente las viera, es que todo eso había sido divertido. Y esta noción de esparcimiento es, por desgracia —y contrariamente a lo que el señor Bush le cuenta al mundo—, cada vez más parte "de la verdadera naturaleza y el corazón de Estados Unidos".
Es difícil evaluar la creciente aceptación de la brutalidad en la vida estadounidense, pero las pruebas están por doquier, desde los videojuegos de asesinatos que son el espectáculo principal de los chicos —¿cuánto tardará el videojuego "Interroga a los terroristas"?—, hasta la violencia ya endémica en los ritos grupales de la juventud en un acceso de euforia. Los crímenes violentos están en baja, si bien ha aumentado el fácil regodeo en la violencia. Desde los rudos vejámenes infligidos a los alumnos recién llegados en numerosos bachilleratos de las urbanizaciones estadounidenses —retratadas en la película de Richard Linklater "Dazed and Confused" (Jóvenes desorientados, 1993)—, hasta las novatadas rituales con brutalidades físicas y humillaciones sexuales institucionalizadas en las escuelas, universidades y equipos deportivos, Estados Unidos se ha convertido en un país en el que las fantasías y la ejecución de la violencia se tienen por un buen espectáculo, por diversión.
Lo que antaño se apartaba como pornográfico, como ejercicio de extremos anhelos sadomasoquistas —como en la última y casi insoportable película de Pasolini, Saló (1975), que exhibe orgías de suplicios en un reducto fascista del norte italiano en las postrimerías de la época de Mussolini—, en la actualidad se normaliza, por los apóstoles de los nuevos Estados Unidos belicosos e imperiales, como una animada travesura y desahogo. "Apilar hombres desnudos" es como una travesura de fraternidad universitaria, afirmó un oyente a Rush Limbaugh y a veinte millones de estadounidenses que escuchan su programa radiofónico. Cabe preguntar si el que llamó había visto las fotografías. No importa. La observación, ¿o acaso la fantasía?, es muy acertada. Lo que tal vez aún pueda escandalizar a algunos estadounidenses fue la respuesta de Limbaugh: "¡Exacto! —exclamó—. Justo lo que digo. No es muy distinto de lo que ocurre en una iniciación de Skull and Bones. Vamos a arruinar la vida de unas personas por eso y a entorpecer nuestros esfuerzos militares y luego vamos a cascarlos a ellos en serio porque se lo pasaron bomba". "Ellos" son los soldados estadounidenses, los torturadores. Y Limbaugh continuó: "Vamos, a esta gente le están disparando todos los días. Estoy hablando de estas personas, de gente que lo está pasando bien. ¿Qué nadie recuerda lo que es una descarga emocional?"
Es probable que buena parte de los estadounidenses prefiera pensar que está bien torturar y humillar a otros seres humanos —los cuales, en calidad de enemigos putativos o presuntos, han perdido todos sus derechos— que reconocer el disparate, la ineptitud y el timo de la aventura estadounidense en Irak. En cuanto a la tortura y la humillación como diversión, parece que hay poco que oponer a esta tendencia mientras Estados Unidos se convierte en un Estado de guarniciones, en el que los patriotas se definen como respetuosos incondicionales del poderío militar y en el que se necesita el máximo de vigilancia en el interior. Conmoción y pavor fue lo que nuestros militares prometieron a los iraquíes que se resistieran a los libertadores estadounidenses. Y conmoción y horror es lo que han transmitido los estadounidenses según pregonan al mundo estas fotografías: una pauta de conducta criminal que desafía y desprecia manifiestamente las convenciones humanitarias internacionales. Hoy día los soldados posan, con pulgares aprobatorios, ante las atrocidades que cometen, y envían fotografías a sus compañeros y familiares. ¿Debería sorprendernos siquiera? La nuestra es una sociedad en la cual antaño habríamos hecho lo imposible por ocultar los secretos de la vida privada, pero que en la actualidad clamamos por una invitación para revelarlos en un programa de televisión. Lo que estas fotografías ilustran es tanto la cultura de la desvergüenza como la reinante admiración a la brutalidad contumaz.
La noción de que las "disculpas" o las profesiones de "repugnancia" o "aborrecimiento" por parte del presidente y el Ministro de Defensa son respuesta suficiente a la tortura sistemática de los prisioneros revelada en Abu Ghraib es un ultraje a nuestro sentido moral e histórico. La tortura de prisioneros no es una aberración. Es la consecuencia directa de una ideología global de lucha en la que "estás conmigo o en mi contra" y con la que el gobierno de Bush ha procurado cambiar, cambiar de modo radical, la postura internacional de Estados Unidos y refundir muchas instituciones y prerrogativas nacionales. El gobierno de Bush ha empeñado al país en una doctrina bélica seudo religiosa, de guerra sin fin; pues la "guerra contra el terror" no es más que eso. Lo que ha sucedido en el nuevo imperio carcelario internacional que gestiona el ejército estadounidense excede incluso los escandalosos procedimientos de la Isla del Diablo francesa o el sistema del Gulag de la Rusia soviética, ya que en el caso de la colonia penal francesa hubo, primero, juicios y sentencias, y en el del imperio penitenciario ruso cargos de algún tipo y una sentencia que duraba años explícitos. La guerra sin fin se emplea para justificar encarcelamientos sin fin: sin cargos, sin revelar el nombre de los prisioneros o facilidades para que se comuniquen con sus familias o abogados, sin juicios, sin sentencias. Los detenidos en el ilegal imperio penitenciario estadounidense son "detenidos"; "prisioneros", una palabra recientemente obsoleta, podría suponer que tienen derechos conferidos por las leyes internacionales y la ley de todos los países civilizados. Esta "Guerra Global Contra el Terror" —en la cual se han mezclado por decreto del Pentágono tanto la justificable invasión de Afganistán y como el irreducible disparate en Irak— acarrea inevitablemente la deshumanización de todo aquel que el gobierno de Bush declara posible terrorista: una definición indiscutible y que casi siempre se adopta en secreto.
Puesto que las imputaciones contra la mayoría de las personas detenidas en las prisiones iraquíes y afganas son inexistentes —el Comité Internacional de la Cruz Roja informa que entre setenta y noventa por ciento de los recluidos no parece haber cometido otro delito más que el de encontrarse en el sitio y momento inoportunos, capturados en alguna redada de "sospechosos"—, la justificación principal para retenerlos es el "interrogatorio". ¿Interrogarlos sobre qué? Sobre cualquier cosa. Lo que el detenido pueda llegar a saber. Si el interrogatorio es el motivo por el cual se detiene a los prisioneros indefinidamente, entonces la coerción física, la humillación y la tortura resultan inevitables.
Recuérdese: no nos referimos a una situación extraordinaria, al escenario de una "bomba de efecto retardado", lo cual a veces se aduce como caso límite para justificar la tortura de prisioneros que están al tanto de un atentado inminente. Se trata del acopio de información no específica o general autorizado por militares estadounidenses y funcionarios civiles a fin de saber más del indefinido imperio de malhechores sobre el que Estados Unidos casi nada sabe, en países acerca de los cuales es especialmente ignorante: en principio, toda "información" cualquiera podría ser útil. Un interrogatorio que no produjera información (no importa en qué consista) se consideraría un fracaso. Por ello se justifica aún más la preparación de los prisioneros para que hablen. Ablandarlos, presionarlos: éstos suelen ser los eufemismos de las costumbres bestiales que han cundido en las cárceles estadounidenses donde están recluidos los "sospechosos de terrorismo". Al parecer, infortunadamente, poco más que unos cuantos fueron "presionados" demasiado y murieron.
Las imágenes no desaparecerán. Es la naturaleza del mundo digital en que vivimos. En efecto, parecen haber sido necesarias para que los dirigentes estadounidenses reconocieran que tenían un problema entre las manos. Con todo, el informe remitido por el Comité Internacional de la Cruz Roja y otros informes periodísticos y protestas de organizaciones humanitarias sobre los castigos infligidos a los "detenidos" y "sospechosos de terrorismo" en las prisiones gestionadas por soldados estadounidenses, han estado circulando durante más de un año. Es improbable que el señor Bush o el señor Cheney, la señora Rice o el señor Rumsfeld hayan leído esos informes. Al parecer las fotografías fueron lo que reclamó su atención, cuando resultaba ya patente que no podían suprimirse; las fotografías hicieron todo esto "realidad" para el presidente y sus cómplices. Hasta entonces sólo hubo palabras, que resulta más fácil encubrir, y más fácil olvidar, en la era de nuestra reproducción y diseminación digital infinitas.
Así pues las fotografías seguirán "asaltándonos", como están siendo inducidos a sentir muchos estadounidenses. ¿Se acostumbrará la gente a ellas? Algunos afirman que ya han visto "suficiente". No, sin embargo, el resto del mundo. La guerra sin fin: un torrente sin fin de fotografías. ¿Los editores de periódicos, revistas y televisoras estadounidenses discutirán ahora que mostrar otras más, o mostrarlas sin recortar (lo cual, con algunas de las imágenes más conocidas, procura una visión diferente y en algunos casos más horrorosa de las atrocidades cometidas en Abu Ghraib), sería de "mal gusto" o una acción política manifiesta? Por "político" entiéndase: crítico de la guerra sin fin del gobierno de Bush. Pues no puede haber duda de que las fotografías perjudican, como ha testificado el señor Rumsfeld, la reputación de "los hombres y mujeres honorables de las fuerzas armadas que con valentía, responsabilidad y profesionalismo están protegiendo nuestras libertades en todo el mundo". Este perjuicio —a nuestra reputación, nuestra imagen, nuestro éxito en cuanto potencia imperial— es lo que deplora sobre todo el gobierno de Bush. Cómo es que la protección de "nuestras libertades" —y en este punto se trata sólo de la libertad de los estadounidenses, cinco por ciento de la población del planeta— precisa del despliegue de soldados estadounidenses en cualquier país que le plazca ("en todo el mundo") es algo que difícilmente se debate entre nuestros funcionarios elegidos. Estados Unidos se ve a sí mismo como víctima potencial o futura del terror. Estados Unidos sólo está defendiéndose de enemigos implacables y furtivos.
La reacción ya se ha hecho sentir. Se aconseja a los estadounidenses no dejarse llevar por una orgía de reproches. La publicación continuada de las imágenes está siendo interpretada por muchos estadounidenses como una indicación de que no tenemos derecho a defendernos. Al fin y al cabo, ellos (los terroristas, los fanáticos) comenzaron. Ellos —¿Osama Bin Laden? ¿Sadam Hussein? ¿Qué importa?— nos atacaron primero. James Inhofe, republicano de Oklahoma y miembro del Comité de las Fuerzas Armadas del Senado, ante el cual testificó el Ministro de Defensa, confesó su certidumbre de no ser el único miembro "más indignado por la indignación" que causó lo que exponen las fotografías. "Se sabe que estos prisioneros —explicó el senador Inhofe— no están ahí por sanciones de tráfico. Si estos prisioneros están en el bloque 1—A o 1—B es porque son asesinos, son terroristas, son insurgentes. Es probable que muchos tengan las manos manchadas de sangre estadounidense y aquí estamos preocupados sobre el trato que se le da a estos individuos". La culpa es de "los medios" —llamados habitualmente "medios liberales"—, que provocan, y seguirán provocando, más violencia contra los estadounidenses en el mundo. "Ellos" se vengarán de "nosotros". Morirán más estadounidenses. Por estas fotografías. Y las fotos engendrarán más fotos: "su" respuesta a las "nuestras".
Sería un error manifiesto permitir que estas revelaciones sobre la connivencia militar y civil estadounidense para torturar en la "guerra mundial contra el terrorismo" se conviertan en la historia de la guerra de —y contra— las imágenes. No es a causa de las fotografías, sino a causa de lo que revelan que está sucediendo, sucediendo por orden y complicidad de una cadena de mando que alcanza los más altos niveles del gobierno de Bush. Pero la distinción —entre fotografía y realidad, entre política y manipulación— se puede desvanecer con facilidad. Eso es lo que espera este gobierno que ocurra.
"Hay muchas más fotografías y videos —reconoció el señor Rumsfeld en su testimonio—. Si se difunden entre el público, este asunto, evidentemente, empeorará." Empeorará para el gobierno y sus programas, presumiblemente, no para quienes son víctimas potenciales y actuales de la tortura. Los medios podrían censurarse a sí mismos, como acostumbran. Pero, según reconoció el señor Rumsfeld, es difícil censurar a los soldados en ultramar que no escriben, como antaño, cartas a casa que los censores militares pueden abrir para tachar los fragmentos inaceptables, sino que se desempeñan como turistas; en palabras del señor Rumsfeld: "Nos sorprende que vayan por ahí con cámaras digitales tomando fotografías increíbles, y luego las pasen, al margen de la ley, a los medios". Los esfuerzos del gobierno por detener la marea de fotografías se desarrollan en varios frentes. En la actualidad, el argumento está adoptando un cariz legalista: las fotografías se clasifican ahora como "pruebas" en causas futuras, cuyo resultado podría verse afectado si son dadas a conocer al público. Siempre se sostendrá que las imágenes más recientes, que según se informa contienen horrendas imágenes de violencia ejercida contra los prisioneros y humillaciones sexuales, no han de difundirse. El presidente del Comité de las Fuerzas Armadas del Senado, el republicano John Warner, después de examinar con otros legisladores la muestra de diapositivas del 12 de mayo con más horrendas imágenes de humillación sexual y violencia contra los prisioneros iraquíes, dijo que en su "enérgica" opinión las fotografías más recientes "no deberían hacerse públicas. Me parece que podrían poner en riesgo a los hombres y mujeres de las fuerzas armadas mientras están prestando su servicio en medio de grandes peligros".
Pero el impulso más decidido para restringir la disponibilidad de las fotografías provendrá del empeño incesante en proteger al gobierno de Bush y encubrir el desgobierno estadounidense en Irak; en equiparar la "indignación" a causa de las fotografías con una campaña para socavar el poderío militar estadounidense y los propósitos a los que sirve en la actualidad. Del mismo modo en que muchos tuvieron por una implícita crítica de la guerra la transmisión televisada de fotografías de soldados estadounidenses muertos en el curso de la invasión y ocupación de Irak, se tendrá cada vez más por antipatriota la propagación de las nuevas fotografías que mancillen aún más la reputación —es decir, la imagen— de Estados Unidos.
Con todo, estamos en guerra. Una guerra sin fin. Y la guerra es el infierno. "No me importa lo que digan los abogados internacionales, vamos a machacarlos." (George W. Bush, 11 de septiembre de 2001) Vaya, sólo nos estamos divirtiendo. En nuestra sala de espejos digital, las imágenes no se desvanecerán. Sí, al parecer una imagen dice más que mil palabras. E incluso si nuestros dirigentes prefieren no mirarlas, habrá miles de instantáneas y vídeos adicionales. Incontenibles.


(*) S Sontag es escritora estadounidense nacida en Nueva York en 1933. Estudió en las universidades de California, Chicago, París y Harvard. Su artículo -Notas sobre el Camp-, publicado en la revista Partisan Review (1964) y reseñado en numerosas publicaciones, llamó la atención nacional sobre su nueva definición de "camp" como "el amor hacia lo antinatural, artificioso y exagerado". Sontag está considerada una autoridad en lo referente a las costumbres estadounidenses de la década de 1960. Sus ensayos se han publicado bajo el título de Contra la interpretación (1966), Estilos radicales (1969) y Bajo el signo de Saturno (1980). También escribió El benefactor (1963), Equipo mortal (1967) y El amante del volcán (1992), todas ellas novelas, además de ensayos como Sobre la fotografía (1977), El sida y sus metáforas (1987) y relatos recopilados en Yo, etcétera (1978). Asimismo ha escrito sobre cine y teatro y editado textos escogidos de Roland Barthes y Antonin Artaud. En el año 2003 recibió junto a Fátima Mernissi el Premio Príncipe de Asturias.

viernes 1 de enero de 2010

Ataque al Estado Laico

Se apunta el clero las leyes antiaborto como logro 2009

By eortiz
Created 12/31/2009 - 20:55

El cardenal Norberto Rivera. Foto: Sara Escobar
Resalta sus acciones contra la gripe A
En el balance de las acciones de la Iglesia católica en 2009, la Arquidiócesis Primada de México resaltó la legislación “a favor de la vida” en 18 estados, el apoyo a prevenir el contagio de influenza A/H1N1 y la improcedencia en la demanda al cardenal Norberto Rivera Carrera por encubrimiento de pederastia.
En la más reciente edición del semanario Desde la fe, en el artículo “La Arquidiócesis de México en el 2009, de la crisis a la esperanza”, se insistió en que la Iglesia católica no interfiere en temas políticos.
Ante las elecciones intermedias el cardenal Rivera Carrera, se explica en el texto, aseguró que la Iglesia “no puede abanderar a ningún partido”, pero sí tiene el deber de “aportar los elementos en la orientación sobre si se tienen cualidades o capacidades necesarias para saber en quién depositamos nuestra confianza”.
Se considera relevante la opinión de Luigi Ciotti, presidente de la Asociación Antimafia Italiana, quien alertó sobre las estrategias “equivocadas en la lucha contra el crimen organizado” e insistió en que la Iglesia y los ciudadanos deben colectivizar esfuerzos contra el narcotráfico y el crimen”.
En el tercer apartado, con el título “Defensa de la vida” se explica que “sin lugar a dudas este año será recordado porque 18 estados reformaron leyes para elevar a rango legal el derecho a la vida desde la concepción; leyes que frenan reformas abortistas”.
La publicación hace el recuento de las interrupciones legales: 23 mil, sucedidas en el DF a dos años de la despenalización y se refiere a esto como “asesinatos de bebés” en las primeras 12 semanas de gestación.
La Arquidiócesis calificó de “nefasto el aniversario” en el que también 14 mujeres perdieron la vida por el “aborto seguro”.