jueves 12 de noviembre de 2009

La punta de México





En el noreste, México aparece como un país grande, enigmático, tan variado como terrible; en-ajenado, espléndido y feo, atrapado en una espiral que

no tiene fin… tan servil y tan duro, tan engañoso y porfiado. Miles son los que se han quedado a sobrevivir en Tijuana; lo hacen como pueden, con desesperación.

Pasear por la calle Revolución, emblemática en Tijuana, me parece algo cercano al horror. Hay numerosas farmacias, antros espantosos, tiendas de artesanías que producen vértigo por el carácter temerario con el que crean la fealdad más golpeadora. Exhiben horrores y pretenden venderlos. Seguramente lo hacen; de otra manera, hubieran cerrado hace mucho. La gente que los compra debe de estar fuertemente alcoholizada o drogada para encontrar esos objetos dignos de ser adquiridos: en un puesto aparece la virgen de Guadalupe al lado de la negra figura de la muerte, con alcancías, animales: el fervor se mezcla con el souvenir en un conjunto desconcertante.

Como muchas sombras que transitan por Tijuana, son objetos divorciados de su vínculo simbólico. A partir de esos gadgets inútiles y feos, resulta imposible elaborar el registro de creencias del vendedor: seguramente su esperanza no está más allá de lo que podrá llevarse a la boca.

Donde empieza -o donde termina- la calle Revolución se levanta un enorme arco a cuyos pies sale una calle de burdeles pobres y destartalados: en Nueva Orleans existe la misma fórmula de alcohol y reventón con el encanto que tiene esa delicada perla en el pantano. En mi paseo escucho un conjunto de música norteña de donde salen quejas malhumoradas, resentimientos, proyectos de venganza. Casi en cada esquina se perciben burros pintados como cebras donde seguramente los visitantes se retratan cuando han perdido el sentido: no vi a nadie que posara en esa escenografìa.

Por el minúsculo espacio que me tocó ver, diría que Tijuana está allí para ofrecer lo peor quizá a norteamericanos extraviados en busca de drogas y de pasar una temporada en el infierno que los reviva del estado fantasmático en que permanece todo aquel que no la ha hecho; que no ha triunfado en un país que ahora se encamina a gran velocidad a convertirse en el prototipo de la derrota, del que no se oye sino gritos histerizados de un conservadurismo encerrado en ilusiones caducas, que repite que Obama es un presidente socialista que se ha apoderado de las empresas y cometido el crimen de imponer los salarios a los buenos capitalistas (salarios que seguramente ellos nunca tendrán en toda su vida). ¡Claro! dicen esto desde su racismo, de un presidente negro al que no perdonan su popularidad, firmeza y esfuerzo de renovación.

No quieren darse cuenta de que él representa la última posibilidad de rescatar algo de lo mucho que destruyeron sus presidentes de la confrontación y de la manipulación.

Recientemente se han dado a la tarea de alimentar su racismo e intolerancia a través de la figura desesperada de Malik Hasan, el Ayax de nuestros tiempos ha matado a doce soldados y sólo es en este momento cuando se plantean la urgente necesidad de ocuparse de los traumas de guerra: cómo no van a sentirse estresados, perdidos, defraudados cuando el ejército anda tras la huella de un enemigo inventado, cuando incluso el enemigo es un simulacro. Disparan a lo tonto, contra fantasmas sin rostro; disparan por angustia contra la nada, mientras ellos sí son objeto de atentados cada uno más mortífero. Partieron con trompetas y cámaras; pensaron que podían aplastar a insectos de una manera fácil; diseñaron la guerra en función de criterios electorales, de una victoria política y no sólo quedaron atrapados, hicieron el ridículo global, sino que dejaron en la ruina moral y económica a su país.

Lo más inquietante es que esa parte norte de México, y en general todo el país, sigue a un espectro en bancarrota, perdido. Lo terrible es que somos el patio trasero de un gigante que se ha derrumbado y todavía no damos crédito de que eso pueda pasar.

Si allá lo niegan, aquí, nuestros ineptos gobernantes no lo pueden concebir: se quedan sin su proyecto que equivale a esperar cínicamente a que se recuperen nuestros primos. Seguiremos esperando a que el gigante se recupere para que nuestra severa crisis termine.

Las largas colas para cruzar a EU son impresionantes. A pie, o en auto, las filas no terminan por la mañana del sábado. Por la noche, las columnas se forman en sentido contrario. Parece que la gente huye de esta zona; lo hacen de prisa, ritualmente, semanalmente. Quieren ir a comprar al otro lado, quieren ir a comer al otro lado, van a trabajar al otro lado. Se quedan del lado mexicano quienes no pueden cruzar: es decir, los mexicanos que no pueden demostrar un trabajo estable, cada vez un mayor número, los que no tienen recursos demostrables. Las diferencias sociales empiezan a jugar de manera insospechada: Por un lado está la clase que puede cruzar a EU generalmente para ocupar los trabajos más humildes. Por el otro, los humildes que no pueden conseguir esos empleos serviles y resienten el horror que eso significa: estar a la merced de la arrogante clase pudiente mexicana, sean políticos o empresarios.

Impresiona el tamaño de México, el infinito del desierto de Sonora. Me gusta el nombre mismo de Sonora, tan sonoro. Me llama la atención el rostro límpido, claro, brillante de los sonorenses. Me fascina la rectitud de la carretera, la rectitud de las calles que no conocen las curvas. Me fascina la derechura de la gente, altos, rectos, sin nuestras jorobas del “centro”. Me gusta tanto el tinte de su tez como la cortesía de la gente tan diferente de nosotros, observadores de lo que sucede en el remoto interior del país que define el discurso identitario sin tomarlos en cuenta, sin pasar por su diversidad tan marcada.

Recogí dos historias de gente con la que coincidí por unos minutos: la primera de Raúl, el taxista que nos llevó a la línea, como llaman aquí a la frontera, lo cual me molesta porque es una traducción de borderline, y como puede apreciarse es producto de la pereza o de la ignorancia. Tan fácil y resonante que es la palabra frontera. Pero ellos dicen línea y todo gira entrono a esa línea. Las poblaciones están pegadas a la línea, crecen a lo largo de ella, viven de ella, miran hacia el otro lado. Tijuana mira para San Diego: las lomas polvorientas coronadas de miseria se quedan pasmadas ante la verdura de California, se sienten paralizadas por la espectacularidad de lo que desde el extranjero se percibe como el estado más próspero, más excepcional de Norteamérica, el más norteamericano porque es el que ha creado un discurso identitario que se conoce en todo el mundo: el de Hollywood.

Del otro lado, cada vez con mayor facilidad se ve a fantasmas que transitan sin dirección. Gente que lleva todas sus pertenencias en numerosas bolsas que cargan como pueden. Gente que se pasea en sillas de rueda, pero cuya invalidez es de otra naturaleza. Gente desgajada del entramado social. Se dirigen con paso lento y difícil a ningún sitio. Al sentarme a descansar, de pronto se concentraban en un sitio que no podía determinar, oculto y cercano. Sacaban comida de bolsas de papel arrugadas. Molestaban a todos los que pasaban.

Un detalle curioso es que en San Luis Río Colorado sienten que viven en un rincón alejado del mundo. Se sienten aislados. Me llama mucho la atención esa queja porque en este momento ya nadie está aislado o alejado. En su lugar, pienso, que aprovecharía mi condición de sonorense (dicen que son ocho horas a la capital, Hermosillo, sin que haya ni una sola curva, ni una sola nada), de estar en la frontera con Baja California y en la frontera con EU. Tres fronteras. Tres posibilidades de estrechar relaciones; tres oportunidades lúdicas para brincar. Los sanluisenses se sienten como si fueran un suburbio de Mexicali, que a la vez es como una ciudad menor frente a Tijuana, que a su vez se siente una cenicienta de San Diego. Es una constante esta manera subalterna de definirse, esta pasión por ser algo menos que un otro más grande, más rico, más importante, más en circulación. Esa manera de volverse periferia en un manifiesto centrifuguismo a ultranza.

Me hubiera gustado llevarme un puñado de arena del desierto que invade las calles de San Luis… esa arena que viaja libre y llega curiosa a lamer las calles de una ciudad nueva y desconocida, dotada de un cielo de un azul intenso, precioso. Sin una nube el primer día, con un cielo nublado, el segundo. Los dos días que estuve en Mexicali también vi cielos espléndidos. Quién pudiera tener el más grande de los grandes angulares para poder captarlos. Cielos con nubes rasgadas; con nubes teñidas. Una escenografía majestuosa en la que se adivinan historias dramáticas.

Recostada en innumerables colinas, sobrepoblada por gente “en tránsito”, Tijuana luce tan rica como miserable; tan abrumada como la ciudad de México, es un espejo más que refleja los agudos contrastes de México.

Para muchos Tijuana es una piedra en el camino. Pero a diferencia de José Alfredo, ellos no hacen lo que quieren: están allí expulsados por la miseria de su lugar de origen y porque no pudieron seguir adelante; están allí mientras logran pasar el escollo. Paralelamente, México también es una ciudad de paso. Muchos de sus barrios se ha convertido en circuito obligado para quienes van o regresan de su trabajo. Diariamente recorren grandes distancias de una ciudad que rara vez pueden disfrutar. Hay que llegar a descansar, hay que llegar al trabajo. Son zombis que circulan por lugares ajenos, caros, desconocidos. En Tijuana se han quedado para siempre. Difícilmente podrán cruzar; no se deciden a emprender el regreso que significaría abandonar toda esperanza, asumir la derrota. Se quedarán en una de las colinas de Tijuana para ver cada noche las luces de la zona urbana de San Diego, el espejismo al que no pudieron acceder.

Reconstrucción de Gaza

Goldstone and Gaza

Judge Richard Goldstone and the United Nations fact-finding mission on the Gaza conflict have issued a report about Gaza that is strongly critical of both Israel and Hamas for their violations of human rights. On Wednesday, a special meeting of the U.N. General Assembly began a debate on whether to refer the report to the Security Council.

In January 2009 rudimentary rockets had been launched from Gaza toward nearby Jewish communities, and Israel had wreaked havoc with bombs, missiles, and ground invading forces. Judge Goldstone’s claim is that they are both guilty of “crimes against humanity.” Predictably, both the accused parties have denounced the report as biased and inaccurate.

It is good to remember that Judge Goldstone, from South Africa, is one of the world’s most widely respected jurists, with an impeccable record of wisdom, honesty and integrity. He is a devout Jew and has long been known as a fervent defender of Israel’s right to peace and security.

In April 2008 I personally visited Sderot and Ashkelon, Israeli communities near enough to have been hit by rockets fired from within Gaza. While there, I condemned these indiscriminate attacks on civilians as acts of terrorism, and I consider their condemnation by Judge Goldstone to be justified.

A year later, after the Israeli attack on Gaza, I was able to examine the damage done to the small and heavily populated area, surrounded by an impenetrable wall, with its gates tightly controlled. Knowing of the ability of Israeli forces, often using U.S. weapons, to strike targets with pinpoint accuracy, it was difficult to understand or explain the destruction of hospitals, schools, prisons, United Nations facilities, small factories and repair shops, agricultural processing plants and almost 40,000 homes.

The Goldstone committee examined closely the cause of deaths of the 1,387 Palestinians who perished, and the degree of damage to the various areas. The conclusion was that the civilian areas were targeted and the devastation was deliberate. Again, the criticism of Israel in the Goldstone report is justified.

He has called on the United States, Israel and others who dispute the accuracy of the report to conduct an independent investigation of their own. Hamas leaders have announced that their investigation is under way, but Israel has rejected Judge Goldstone’s request.

Putting this dispute aside, it is important to examine present circumstances and the need to prevent further suffering. The rocket fire from Gaza is now being severely restrained, perhaps because of the certainty of Israeli retaliation, but the punishment of the 1.5 million Palestinian inhabitants of Gaza continues. Now and for the past 10 months, Israel has not permitted cement, lumber, panes of glass, or other building materials to pass their entry points into Gaza. Several hundred thousand homeless people suffered through last winter in a few tents, under plastic sheets, or huddled in caves dug into the debris of their former homes. The weather was warmer when I was there several months later, but the description of suffering through the winter cold was heartbreaking.

Another winter is now approaching, and neither the Israelis nor the international community has taken steps to alleviate the Gazans’ plight. United Nations agencies and leaders in the European community have offered to provide an avenue of channeling funds and building materials directly to the people in need, completely bypassing the Hamas political leaders. These officials, both in Gaza and in Damascus, have assured me that they would accept this arrangement.

There would be no chance for the misuse of such assistance for weapons, military fortifications, or other non-humanitarian purposes.

I was informed recently by King Abdullah of Saudi Arabia that he has pledged $1 billion, and other Arab leaders have added an additional $300 million for this purpose. There is little doubt that other nations would also be generous.

Without ascribing blame to either of the disputing parties, it is imperative that the United States and the international community take steps to assure that the rebuilding of Gaza be commenced, and without delay. The cries of homeless and freezing people demand relief.

Jimmy Carter was president of the United States from 1977 to 1981 and is a member of the Elders.

http://www.nytimes.com/2009/11/06/opinion/06iht-edcarter.html?_r=1&ref=global

martes 10 de noviembre de 2009

Protesta por la designación de Plascencia como Ombusbusines

reproduzco un desplegado de protesta para la prensa



UN AGRAVIO MÁS DEL SENADO DE LA REPÚBLICA
¿A quién representan los que dicen que nos representan?

La designación de Raúl Plascencia a la presidencia de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) por las fracciones del PRI y el PAN en el Senado, significan un agravio más a todas y todos aquellos que luchamos por un país democrático, justo y equitativo, respetuoso de los derechos humanos.

Significa haber optado por:
• El continuismo de la gestión de José Luis Soberanes que ha sido abierta y públicamente cuestionada.
• La simulación de una elección democrática y pública cuando la decisión ya había sido negociada previamente entre el PRI y el PAN.
• La subordinación de la CNDH y del sistema de comisiones estatales a intereses personales y a los poderes políticos y públicos que deberían ser los vigilados por esas instituciones.
• La opacidad y la ausencia de rendición de cuentas en la aplicación del presupuesto de la CNDH, la comisión más costosa e ineficaz del mundo.
• La mentira y el engaño como forma de operación de las instituciones en México.

Pero más allá de que con este nombramiento se cancela la esencia misma de una Comisión de Estado que debería ser autónoma, profesional, eficaz, oportuna y fuertemente comprometida con la defensa de las víctimas y de los derechos humanos de todos y todas, la designación del Sr. Plascencia representa:

Un atentado contra:
• El Estado laico
• El Estado de derecho
• La democracia participativa.
• Los derechos de la mujeres
• Los derechos de las víctimas
• Los derechos de la comunidad LGTB


Convocamos a todas y todos aquellos que no estamos de acuerdo con la
designación del Sr. Raúl Plascencia por el Sr. Manlio F. Beltrones,
coordinador de la fracción del PRI en el Senado y por el Sr. Gustavo Madero,
coordinador del la fracción del PAN, que enviemos cartas, correos
electrónico y mensajes de protesta a todos los senadores y senadoras y que
constituyamos una comunidad de exigencia al desempeño del sistema de
Comisiones de Derechos Humanos en el país.

INCIDE Social A.C.

lunes 2 de noviembre de 2009

Flores de noviembre en La Merced

Crónica de Ezequiel Maldonado

19.30 hs. Elsa y Susana dan los últimos retoques en los rostros de las jóvenes trabajadoras sexuales. Rostros con la imagen cadavérica gracias a los afeites, los blancos intensos y los negros que resaltan la profundidad de ojos y comisuras de labios para el realce de los dientes pelones pero, en la versión de Elsa y Susana, se omite este toque ante el rojo intenso de labios que ¿han preferido las jóvenes? Estas desafiantes vivas-muertas, en su papel de edecanas, se han engalanado con vestidos gris perla y zapatos de tacón, recientemente adquiridos, para recibir a invitados y a sus propias camaradas de oficio.

20.00 hs. Como parte del ritual de los muertos, inicia una brevísima peregrinación del hotel Las cruces, ¿ahí ejercen el oficio?, al local de las trabajadoras sexuales y el corte del listón rojo que dará inicio al “festejo”. Este local, ubicado en el primer piso de San Pablo y Las Cruces, de unos 10 por 12 metros, aproximadamente, es el producto de múltiples esfuerzos, sangre y lágrimas, de una incipiente organización que hoy da este fruto: su propia ofrenda, sus propias muertas, sus propios símbolos, su especial cultura marginal. Local que hoy les permite frugales descansos, remanso para platicar con sus compañeras, oasis urbano que las aleja, un momento, de las miradas lascivas y los deseos urgentes. Un local, su casa, adornado el techo con papel de china picado, una ofrenda fuera de serie: en el centro una calaca femenina con vestimenta colorida, a su imagen y su semejanza, diseminadas tangas, diminutas trusas y zapatos de tacón, junto a sobres de condones en forma de cruz, al lado de objetos tradicionales: pan de muerto, cervezas, dulce de calabaza, calaveras de azúcar.

20.15 hs. La maestra de ceremonias lee un texto testimonio-denuncia. Escuchamos sobre el difícil y riesgoso oficio de trabajadora sexual. Las afrentas con clientes que las consideran objeto, el enfrentamiento cotidiano con agentes y una policía que las extorsiona, denigra y pretende utilizar para sus variados instintos; una sociedad que las considera vagas, viciosas y carne de cañón; o que, en su doble moral, las señala cual pecadoras irredentas y mal necesario del sistema. Un gobierno del DF que en campañas “tolerancia cero” -orden, “ornato” y decoro- las aleja de la “gente bonita” que acude al centro histórico y les exige vestimentas decentes. Al final, recuerda a la homenajeada y líder que murió el año pasado de un coma diabético, Angélica, defensora y solidaria de sus compañeras, organizadora de reivindicaciones de género y promotora en la consecución de un espacio, el actual local festivo. La voz de la maestra se quiebra y los sollozos se precipitan, las(os) asistentes nos emocionamos.

20.30 hs. Derroche creativo, se ha dicho sobre las ofrendas mexicanas y ésta no es la excepción: creatividad a raudales con el amarillando del cempasúchil como camino y encuentro de variados símbolos del oficio: zapatos de tacón dorado, tangas coloridas y condones al por mayor, tumbas resaltadas o a flor de tierra cubiertas por cempasúchil y una tanga o un retrato al frente; un espacio ritual destaca en las variadas escenografías, dirían instalaciones los grandes artistas, delimitado por un plástico azul transparente y en su interior un aposento, una silla y un tocador con todos los afeites, cremas y menjurjes que utilizan. Espacio privado más virtual que real, más aspiración que realidad ante la pobreza y carencias de estas mujeres. En esta ofrenda es muy clara la diferencia entre la celebración del mundo rural y el urbano: en el primero impera la solemnidad inflexible y las creencias religiosas ancestrales, en el urbano hay una presencia de formas y colores pero el elemento religioso es mínimo y hay un sentido festivo “más desenfadado y lúdico” y se hace carne el refrán: “el muerto a la sepultura y el vivo a la diablura”.

20.40 hs. Las jóvenes, demasiado jóvenes y en ese tránsito en que son aún niñas pero también en el umbral de una juventud que ha madurado a golpes de vida, contemplan su obra, su ofrenda de muertos: la imprimen en la retina y la trasladan a sus celulares. Tal vez, creemos avizorar, es la primera ocasión en su corta sobrevivencia que son protagonistas y espectadoras de similares vivencias. Ven y leen un remedo de retablo o, más bien, de exvoto, cual ofrenda que se hace a una imagen sagrada, la Guadalupana o San Judas, en señal de agradecimiento por un beneficio recibido. Sin embargo, los dibujos y el texto de estas jóvenes, recreación de traumas, no agradecen sino testimonian y denuncian un crimen pleno de agravantes y en total impunidad, una golpiza de un muy macho, una ofensa o agravios recibidos. ¿A quien dar gracias por la vida de sufrimiento? ¿De qué las van a perdonar? El refrán popular se hace presente: “más vale, o más valía, llorarlas muertas, y no en ajeno poder”. Se atiene al principio macho: “o mías o de nadie”.

20.45 hs. Es la hora del ritual comilón: tamales, pan de muerto, café, atole. Primera. Segunda, Tercera llamadas y las jóvenes no acuden. El tiempo profano se ha detenido, el del sudor y del trabajo sexual. Ahora es el tiempo de convivencia con vivos y muertos, pero ellas no lo creen. ¿Acaso sienten que no se lo han ganado, que no merecen tal homenaje, que no son dignas de compartir el pan y la sal? Se destraba el impasse y todas(os) aceptamos el convivio y podemos charlar y relajarnos y sentirnos vivos en homenaje a muertas. Afuera llueve y una larga fila de mirones lúbricos, ¿habemos de otra clase?, que va a lo que va seguramente no entiende porqué las putas no están donde siempre deben estar. No imaginan que se dieron un espacio sagrado en convivencia con sus muertas, con Angélica, con sus seres amados.

21.00 hs. Y todo sereno. Una gran belleza, morena, alta y arrogante, se desprende del común y nos ofrece una ristra de condones ¿qué nos sabe? El clima se ha relajado y Álvaro Angoa, oficio antropólogo, sigue en chinga con el festejo y, de seguro, ya planea junto con las nuevas líderes, en actitud crítica y autocrítica, lo que no se debe hacer para el año entrante. Para este final acudo al maestro Cardoza y Aragón: “Hay una nublada conciencia liberadora de la servidumbre del hombre a la muerte, la obsesión creativa de un corazón que está brotando flores en mitad de la noche, himnos a la noche de una muerte no llorada sino sonreída, florida y cantada”. Estas flores que brotan en mitad de la noche hoy son las flores de noviembre.

Ezequiel Maldonado

miércoles 28 de octubre de 2009

San Juditas

Para Uriel Martínez

Ayer por la noche, cuando regresaba a la casa, vi una gran cantidad de muchachos. Con los que topé en Eje Central se dirigían a San Hipólito, al santuario de San Judas Tadeo; los que encontré casi al llegar a Balderas, regresaban de ver al santo de las causas perdidas. Se trataba de grupos de jóvenes que caminaban en contingentes no muy grandes pero sí lo suficiente para que no pudiéramos avanzar: caminaban acompañados de numerosas combis. Iban a ver al santo más popular del momento, porque en estas fechas es su día. Esa religiosidad, ese caminar por la fría noche, permite imaginar la magnitud de las dificultades del país y la manera en que la gente tramita sus angustias. La pobreza y la ausencia de líderes, la sordera y empecinamiento de la figura presidencial, la indiferencia de la clase política que se mata por defender y aumentar sus prebendas, incrementa el número de gente que se vuelca hacia los altares para suplicar a los santos. Por lo menos ellos no dilapidan el dinero en campañas publicitarias de CFE, mientras se deja en el desempleo a miles de trabajadores (a los que no les exigió eficiencia y cortesía). Por lo menos ellos no son aficionados a los spots y a un laberinto de normas que no sirven para contrarrestar el cinismo de los partidos políticos. Sólo un milagro puede salvarlos (y salvarnos) de esta situación tan difícil por la que atraviesa el país. Más que alentar la fantasía de que San Judas Tadeo escuche las plegarias de tantos mexicanos que de veras lo necesitan (necesitamos), confío en el efecto de la formulación de la demanda. Creo que hacer algo como definir un destinatario para tramitar angustias y temores es el inicio de la probable solución, siempre y cuando el feligrés no se quede esperando el milagro que ese sí nunca va a producirse.

San Judas Tadeo







martes 27 de octubre de 2009

Moisés Naim: los otros carteles sanguinarios

¿Por qué México está empantanado?


R: "... el progreso de México ha sido secuestrado por sus carteles. Y no me refiero a los carteles de la droga. Me refiero a empresas privadas, sindicatos, agrupaciones políticas, universidades, medios de comunicación y gremios profesionales que limitan la competencia dentro de sus respectivos sectores. México está lleno de carteles, muchos de los cuales gozan de privilegios y vetos que impiden los cambios sin los cuales el país seguirá perdiendo oportunidades. Ojalá que la competencia con Brasil estimule la competencia dentro de México."

lunes 26 de octubre de 2009

Katz: una entrevista

lucida entrevista, llena de inteligencia, sabiduría y amor por México.


Transcribo algunos fragmentos:

«No voy a entrar en detalle respecto de las diferencias que vi con relación al imperio azteca, que los pueblos por ellos sojuzgados consideraban como un imperio explotador. De hecho, cuando Cortés llegó a México encabezó una revuelta contra los aztecas. Muchos pueblos sojuzgados tuvieron la ilusión de que los españoles iban a ser mejores, una ilusión profundamente errónea. En el Perú, aunque había rivalidades y los españoles pudieron apoyarse en algunos grupos, no hubo una revolución contra los incas, porque habían resuelto problemas que los aztecas no pudieron resolver…. Mientras que en la época cumbre del imperio azteca, en 1507, había una tremenda hambruna en la ciudad de Tenochtitlán, y mucha gente vendía a sus hijos como esclavos, los incas había resuelto ese problema a través de un sistema de reservas de comida en diferentes partes de su imperio.»

«Hubo el movimiento de San Martín en Argentina, el de Bolívar en el norte del continente, pero sólo en México se dio una revolución popular encabezada por Hidalgo y por Morelos. En Perú hubo algo comparable, en el siglo XVIII, con Túpac Amaru; pero ni el encabezado por Bolívar ni el de San Martín eran movimientos radicales, campesinos, agrarios, como sucedió en México.»

«También es interesante la victoria de los mexicanos contra Napoleón. El siglo XIX es el gran siglo de las conquistas europeas en África, Asia, Indochina, grandes partes del Medio Oriente; y el único país que supo resistir fue México.»

«Todas las revoluciones tienen dos etapas: una muy sangrienta, que es el estallido de la revolución desde abajo –como lo vemos en Rusia, en China, en Francia, y obviamente en México–, y otra en la cual la revolución triunfante se convierte en gobierno y trata de establecer sus ideas. Y en tres de los cuatro casos mencionados, en Francia, en Rusia y en China, es una etapa sumamente sangrienta; en Francia es la época del terror revolucionario, en Rusia es la época del terror de Stalin, en la que murieron millones; en China es la etapa de la revolución cultural, durante la cual también murieron millones y miles fueron exiliados. En México también se dio esta etapa con Cárdenas, pero aquí la diferencia fue tremenda; en Francia, Rusia y China no sólo hubo una época sangrienta, sino lo que era más importante, una dictadura.

«México pudo permitirse cierta libertad ideológica. Es cierto que hay represión en México, pero uno de los aspectos interesantes del largo régimen priísta (que en mi parecer se debe a la revolución) es que, si bien fue dictatorial en muchos sentidos, jamás pudo compararse a las dictaduras militares de América del Sur, a las sangrientas dictaduras de Videla, en Argentina, o de Pinochet, en Chile, para sólo mencionar dos, o a las dictaduras centroamericanas. Un ejemplo: muchos historiadores de mi generación argentinos, brasileños y chilenos, tuvieron que dejar sus países; no conozco a ningún historiador mexicano que tuviera que exiliarse. Por el contrario, México –y esto quiero subrayarlo– tuvo una historia muy noble. Desde la revolución hasta la fecha, México ha sido asilo de refugiados de muchas partes del mundo. Lo subrayo porque yo me beneficié de ese asilo.»

«En gran medida, existe hoy una democracia política. Tenemos diferentes partidos, hay elecciones, y aunque las elecciones se discuten, creo que son mucho más honradas que en el pasado. Hay un Congreso que debate, hay una prensa de oposición, no sé hasta que grado esa oposición llegue a la televisión o a la radio –estoy pensando en Carmen Aristegui, por ejemplo. En lo social, México sigue teniendo diferencias abismales. Si bien hay una clase media mucho mayor que en la época de Porfirio Díaz, la miseria sigue siendo enorme, aunque ahora el Estado siente más responsabilidad por los pobres que en la época de Díaz. En aquella época no se había nada, la gente no tenía nada y se moría de hambre. Ahora hay subsidios, pero a fin de cuentas el Estado no ha logrado resolver el problema de la miseria. Tampoco el problema de la tierra. Pareció que lo había resuelto Cárdenas, distribuyendo tierras. Pero como los gobiernos posteriores no brindaron créditos suficientes a los ejidos, muchas de las reformas cardenistas en el campo desaparecieron. Se preveía el surgimiento de un fuerte movimiento obrero independiente. Esa era una esperanza muy grande en 1917, por lo menos por una parte de los Constituyentes, y se alcanzó en buena medida bajo el régimen de Cárdenas, pero desapareció con la cooptación de los sindicatos por el Estado. Otro problema que se atendió mucho en la época de Cárdenas, pero todavía hoy no se resuelve, fue la educación básica. Por otra parte, me impresiona la educación superior, los tremendos logros de la Universidad Nacional Autónoma de México, de El Colegio de México, de toda una serie de universidades regionales, así como el desarrollo de la ciencia, el desarrollo de una intelectualidad como nunca antes había existido en la historia de México. Estos son logros impresionantes que pueden considerarse como objetivos cumplidos, demandas de la revolución que sí se cumplieron.»

sábado 24 de octubre de 2009

Tomasín: una vida pulp fiction

http://www.elpais.com//articulo/espana/asesino/asesinado/elpepuint/20091024elpepunac_4/Tes

El asesino asesinado

Una venganza, posible origen de la muerte a tiros de Tomás Ruiz, Tomasín, un delincuente acusado de cinco homicidios, y de dos personas que estaban con él cerca del penal de El Dueso

KARIM ASRI 24/10/2009

Desde el pasado miércoles, una pequeña y discreta cruz de madera en el cementerio de Ciriego de Santander, con las iniciales TRF, señala la tumba de Tomás Ruiz Fernández, Tomasín, un sanguinario delincuente, carente de empatía por el sufrimiento ajeno, que vivió más de la mitad de sus 55 años entre rejas. Dejó tras de sí tanto dolor que faltan dedos en las manos para contar a quienes tenían motivos para matarle. ¿Una venganza?

La mañana del pasado lunes, Tomasín estaba en el interior de una Renault Trafic blanca, acompañado por otras dos personas, a un centenar de metros de la puerta de la prisión de El Dueso de Santoña (Cantabria). Ruiz Fernández, que se ganó su mala fama a pulso tras matar a cinco personas en un permiso penitenciario en los años ochenta, se disponía a regresar a la cárcel después de otro permiso. Le quedaban unos meses de condena. Lo que no tenía previsto es que un individuo se bajara de un vehículo de gran cilindrada, se acercara a la ventanilla y vaciara el cargador de su arma, acabando con su vida y la de sus dos acompañantes (Isidoro Cuerno Luceo, Isi, de 43 años, un delincuente con múltiples antecedentes, y su pareja, María Jesús Fernández, de 45). El asesino sabía que Tomasín regresaría ese lunes a la prisión y optó por no dejar testigos de lo que toda Cantabria interpreta como una venganza.

Quienes tenían motivos para temer a sus ataques de ira, respiran ahora aliviados y los familiares de sus víctimas no esconden que no querían verle morir de viejo. "Me alegro muchísimo de que esté muerto", señala la hermana de Sixto Franco, una de sus víctimas de los años 80. Sólo cuatro personas, entre ellas su madre, María Teresa, y un empleado de la funeraria, escucharon al cura orar por el alma de Tomasín durante su entierro. No hubo esquela en la prensa con su nombre ni tampoco velatorio.

A pesar de que su familia no es de orígenes modestos -su madre vivía en un barrio de clase media en el centro de Santan-der-, Tomasín descubrió su afición por el crimen bastante joven. Ingresó por primera vez en prisión, con veintitantos años, a mediados de los 70. Acumulaba al menos 21 delitos en su contra cuando fue condenado en 1989 por su crimen más sanguinario, el que le coronó como uno de los protagonistas de la crónica negra del Santander de aquellos años, una ciudad marcada por los estragos de la heroína, las pugnas entre camellos y los robos de sus consumidores: a finales de 1985, aprovechó un permiso penitenciario navideño para fugarse y volver a las andadas; en los cuatro meses que anduvo libre, dio muerte a cinco personas.

Los dos primeros asesinatos se debieron, según relata la sentencia, a que estaba molesto con la prostituta María Violeta Puente González y su novio heroinómano, Sixto Franco, porque no le devolvieron el dinero tras quedarse insatisfecho de los servicios sexuales de la meretriz. El 2 de febrero de 1986, fue a buscarles acompañado por su cómplice habitual de entonces, Francisco José Hidalgo, Butati, a la esquina donde María Violeta solía hacer la calle. Les convencieron de que subieran con ellos al coche para ir a pillar caballo (heroína). Al llegar a un lugar solitario en la zona de Cueto (Santander), Tomasín y su colega Butati desenfundaron, respectivamente una pistola de la marca Star, modelo BM, y una Smith&Wesson, dispararon sobre sus víctimas y a continuación les remataron en el suelo.

Al día siguiente, Tomasín y Butati volvieron a derramar sangre: acompañaron a Pedro Grande y Miguel Moreno en un trayecto en coche por la localidad cántabra de Mogro cuando, por motivos que el fallo judicial no logra aclarar, la emprendió a tiros contra ambos. Butati y otro amigo ayudaron a prenderle fuego al vehículo con los cadáveres dentro. Aunque la sentencia no va demasiado lejos sobre el desencadenante de las cuatro muertes, recalca que "no se puede excluir que hubiese otro motivo a tal resentimiento, que no consta acreditado". Durante el juicio cobró importancia la hipótesis de un ajuste de cuentas en torno al robo de una joyería en Reinosa realizado en 1985. Tomasín, al parecer, no quedó satisfecho con el reparto del botín. Esto pudo desencadenar la espiral de violencia.

Se le atribuye una quinta muerte durante su prolongado permiso, muy ilustradora del personaje y su total desapego por la vida humana. El 29 de marzo de 1986 entró en el bar Pic-nic de Santander, acompañado por dos amigos. Pidió champán con ese afán exhibicionista que los psicólogos detectaban en sus informes y se tomó muy a mal que la camarera dudara de su solvencia. Tanto que Tomasín pidió ver al dueño. Guillermo Castillo Gómez, de 71 años, propietario del local, se acercó a la mesa sin saber lo que le esperaba y recibió un tiro. Murió desangrado unos minutos después.

Tomasín fue detenido el 1 de abril de 1986 después de otro de sus ataques de ira. A las diez de la noche entró en el bar La Bolera de Laredo, pidió una copa y se puso a jugar a los bolos lanzando las bolas de hierro al aire como si inventara las reglas de su propio juego. El dueño, Jesús Losada, le dijo que así no podía seguir y apagó las luces del local para impedirle que siguiera jugando. Tomasín respondió primero con insultos y amenazas. Salió un momento del local y volvió empuñando una pistola. "Pues sí, me quería matar porque ya no quería dejarle jugar", rememora Losada. Se acercó al propietario y apretó dos veces el gatillo. El azar quiso que el arma se encasquillara y que los presentes en el local pudieran derribarle y atarle con una cuerda hasta que llegó la Guardia Civil.

Desde que supo que Tomasín había muerto el lunes en un tiroteo, Losada vive más tranquilo: el criminal tenía entre sus aficiones en la cárcel enviar cartas a algunos de los que estaban en su lista negra para recordarles que seguía allí y que podría vengarse en cualquier momento. "Recibí una de esas. Me acusaba de habérmelo inventado todo, decía que mi declaración era una paranoia", recuerda.

Demasiada gente quería ver bajo tierra a Tomasín. Durante el juicio en su contra por los crímenes de Cueto y Mogro, algunos familiares de Grande y Moreno le prometieron que habría venganza, según asegura un testigo: "Le dijeron que estaba condenado, que no se iban a olvidar. Y esa gente no olvida".

Tomasín nunca reconoció sus crímenes. Aunque su aseada apariencia disimulaba los demonios que llevaba dentro, cuando bebía se volvía incontrolable. Los informes psiquiátricos perfilan el rostro de un psicópata irreversible con carácter explosivo, pero consciente de sus actos. Una personalidad inmadura con afán de notoriedad. A pesar de que tener claros rasgos psicopáticos, estos no alteraban sus escasas facultades intelectuales (tenía un coeficiente de 89). Sabía distinguir entre el bien y el mal, pero optaba por lo segundo. Era, según quienes le trataron, capaz de jurar, mirándote a los ojos, que todo era un montaje de la policía, minutos después de haberse limpiado la sangre de sus víctimas. Simulaba creerse sus propias mentiras y se negaba a que su defensa intentara declararle incapacitado. "Yo soy capaz y consciente", solía replicar. El abogado que le defendió entonces explica que quedó tan marcado por la situación que optó por dejar el Derecho Penal y dedicarse a otras ramas jurídicas.

Era un hombre que sólo entendía el lenguaje de la crueldad y la fuerza, incapaz de distinguir entre ser respetado y ser temido. Solía vestir bastante bien, tanto que el fiscal que le acusó de los crímenes de Cueto y Mogro llegó a contar: "Si me dices que ese tipo está tomando una copa con mi hija, a primera vista me quedaría tranquilo". No consumía drogas y hacía deporte.

Las declaraciones de sus compinches, Agustín Fernández y Artemio Alonso, resultaron fundamentales para atar cabos y condenarle. Alonso terminaría desdiciéndose y atribuyendo sus primeras palabras a un compló de la policía en su contra. Fernández pagó aun más caro su confesión y murió durante una durísima reyerta en la cárcel de Nanclares de Oca (Álava).

Tras pasar por varios penales, Tomasín regresó años atrás al de El Dueso, en su Cantabria natal, donde solía recibir visitas de su madre (su hermana nunca quiso saber nada de él). Los años de cárcel y aislamiento terminaron doblegando su carácter. Según fuentes penitenciarias, en los últimos meses ya no se relacionaba prácticamente con nadie, daba paseos solitarios por el patio y cumplía religiosamente sus obligaciones para reducir su condena. Estaba en régimen de segundo grado, le quedaba menos de un año para salir y en sus anteriores permisos se dedicó a visitar a su madre y volver puntualmente cuando éstos habían vencido.

El viernes 16 de octubre, sin que se sepa por qué, optó por no volver al penal. Fue su propia madre la que terminó convenciéndole de que volviese, con la esperanza de que, al salir, se fuera con ella a residir a Santander. "Él vivía por y para María Teresa. Con ella se transformaba en un niño. Si iba a volver a prisión, era para no disgustarle a ella", señala alguien que le conoció de cerca en los últimos años. Además, los tres días de retraso no habrían tenido grandes consecuencias. Como mucho, su salida de prisión se habría alargado unos meses.

A las 9.40 del pasado lunes, Tomasín esperaba a un centenar de metros de la prisión, en el interior de una furgoneta donde acabaría muriendo junto a su amigo Isi y a María Jesús Fernández, madre de dos hijas y abuela. En teoría, tenía que esperar hasta las 10 de la mañana para poder entrar en la cárcel. El lugar no era el más propicio para un asesinato: hay un cuartel de la Guardia Civil en los alrededores y por la carretera de acceso pasan constantemente funcionarios camino de la prisión.

"Yo había quedado con mi madre a las 11.30 y cuando le llamé para ver dónde estaba, me cogió el móvil uno de la Policía Judicial", relata la hija de la fallecida, de 26 años y de nombre María Jesús. "Le había conocido apenas unos días antes de todo esto. Decía que parecía un buen tipo. Mi madre siempre se cree que puede ayudar a todo el mundo", resalta.

La difunta María Jesús trabajaba en el pub Cycles de Santander, situado en un barrio popular de la capital cántabra. Es un local en el que coexisten, según un cliente habitual, "jóvenes fumadores de porros que sólo quieren liarse un canuto mientras ven el partido con personajes oscuros que no sabes la historia que llevan detrás". Entre ellos estaba Isi, con varios delitos violentos a sus espaldas, con el que su madre mantenía alguna relación sentimental desde hace unas semanas. "Mi madre no sabía nada de lo que esa gente tenía detrás. Sabía que habían estado en la cárcel, pero no se imaginaba en lo que podían estar metidos", añade la hija. En torno a la media noche -no queda claro si Isi y Tomasín estuvieron con ella en el bar-, María Jesús terminó su turno y, previsiblemente, se reunió con Isi.

"No tenía previsto dormir en casa esa noche; yo había quedado con ella al día siguiente para que me acompañara a pagar la matrícula de un curso", prosigue María Jesús. Hastiada de leer todo tipo de conjeturas sobre por qué falleció su mamá, la hija precisa: "Mi madre estaba rodeada de mierda, pero no estaba metida en nada. Era una trabajadora más, que llegaba justito a fin de mes pagando el alquiler y se desvivía por sus hijas y su nieta. No hay más. Murió porque estaba donde no debía", añade María Jesús, quien como casi todo el mundo, tiene más preguntas que respuestas sobre lo ocurrido.

La investigación, a cargo de la Policía Judicial de la Guardia Civil, por orden del Juzgado de Instrucción número 1 de Santoña, intenta esclarecer los hechos. El instituto armado baraja como hipótesis que el pistolero actuó acompañado por, al menos, un conductor. Varios testigos vieron huir un vehículo de gran cilindrada a toda velocidad de la zona. La clave de todo, según fuentes policiales, es determinar quién y cómo dio el aviso al pistolero -no se descarta que un sicario haya sido contratado para ejecutar el crimen- de que su víctima estaría el lunes por la mañana en la puerta del penal

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Zizek: la burocracia sionista

¿Qué sucede cuando no sucede nada?

Slavoj Zizek 22/08/2009

El 2 de agosto de 2009, después de acordonar parte del barrio árabe de Sheikh Jarrah en Jerusalén este, la policía israelí expulsó a dos familias palestinas (más de 50 personas) de sus hogares y permitió que unos colonos judíos se mudaran inmediatamente a las casas evacuadas. Aunque la policía mencionó una orden del Tribunal Supremo del país, las familias árabes expulsadas llevaban viviendo allí más de 50 años. El hecho, que llamó la atención de los medios mundiales -cosa excepcional-, forma parte de un proceso mucho más amplio y, en su mayor parte, ignorado.

Cinco meses antes, el 1 de marzo de 2009, se informó de que el Gobierno israelí había elaborado unos planes para construir más de 70.000 nuevas viviendas dentro de asentamientos judíos en Cisjordania; si dichos planes se llevaran a cabo, podrían aumentar el número de colonos en los territorios palestinos en unos 300.000, un paso que no sólo dañaría gravemente las posibilidades de un Estado palestino viable, sino que harían más difícil la vida diaria de los palestinos.

Un portavoz del Gobierno desmintió las informaciones y dijo que los planes tenían una importancia relativa: para construir nuevas viviendas en los asentamientos era necesaria la aprobación del ministro de Defensa y del primer ministro. Sin embargo, ya se han aprobado 15.000 de esos planes, y casi 20.000 de las viviendas previstas se encuentran en asentamientos que están lejos de la línea verde que separa Israel de Cisjordania, es decir, en las zonas que Israel no puede aspirar a conservar en ningún futuro acuerdo de paz con los palestinos.

La conclusión es evidente: al tiempo que, teóricamente, apoya la solución de dos Estados, Israel está creando una situación sobre el terreno que, en su momento, hará que en la práctica sea imposible dicha solución. El sueño en el que se apoya esta estrategia queda patente en el muro que separa una ciudad de colonos de la ciudad palestina cercana en una colina de Cisjordania. El lado israelí del muro tiene pintada la imagen de la campiña al otro lado, pero sin la ciudad palestina, sólo con la naturaleza, la hierba, los árboles... ¿No es el más puro ejemplo de limpieza étnica, imaginar el otro lado de la verja tal como debería ser, vacío, virginal, esperando a ser colonizado?

¿Qué significa todo esto? Para captar la verdadera dimensión de las noticias, a veces basta con leer dos noticias por separado; el significado surge al unirlas, como una chispa que explota en un cortocircuito eléctrico. El mismo día en el que llegaron a los medios las noticias sobre el plan del Gobierno para construir 70.000 nuevas viviendas (2 de marzo), Hillary Clinton criticó el lanzamiento de cohetes desde Gaza y lo calificó de "cínico", para luego añadir: "No hay duda de que ningún país, incluido Israel, puede permanecer pasivo cuando su territorio y su gente sufren ataques con misiles".

¿Tendrían que permanecer pasivos los palestinos mientras les quitan las tierras de Cisjordania día a día? Cuando los pacifistas israelíes presentan su conflicto con los palestinos en términos neutrales y "simétricos" y reconocen que en ambas partes hay extremistas que rechazan la paz, deberíamos hacernos una sencilla pregunta: ¿qué sucede en Oriente Próximo cuando no ocurre nada en el plano directamente político-militar, es decir, cuando no hay tensiones, ataques ni negociaciones?

Lo que sucede es la labor, lenta pero constante, de arrebatar la tierra a los palestinos de Cisjordania: el estrangulamiento gradual de la economía palestina, el despedazamiento de sus tierras, la construcción de nuevos asentamientos, las presiones a los campesinos palestinos hasta que acaban abandonando su tierra (que van desde la quema de las cosechas y las profanaciones religiosas hasta los asesinatos individuales), todo ello respaldado por una red kafkiana de normativas legales.

Saree Makdisi afirma, en Palestine Inside out: An Everyday Occupation, que, aunque la ocupación israelí de Cisjordania está en manos de la fuerzas armadas, en realidad es una "ocupación mediante la burocracia": sus armas fundamentales son los formularios, los títulos de propiedad, los documentos de residencia y otros permisos. Esta microgestión de la vida diaria es la que garantiza la lenta pero firme expansión israelí. Uno tiene que pedir permiso para irse con su familia, para cultivar su tierra, para cavar un pozo, para trabajar, para ir a la escuela o a un hospital... Así, los palestinos nacidos en Jerusalén pierden, uno a uno, el derecho a vivir allí, a ganarse la vida, a la vivienda, y así sucesivamente.

Los palestinos suelen emplear el problemático cliché de que la Franja de Gaza es "el mayor campo de concentración del mundo", pero, en el último año, esa calificación se ha acercado peligrosamente a la verdad. Ésa es la realidad fundamental que hace que todas las "plegarias por la paz", en abstracto, sean escandalosas e hipócritas. El Estado de Israel está claramente llevando a cabo un proceso lento e invisible ignorado por los medios, una especie de lucha subterránea contra un topo, de tal forma que, un día, el mundo se despertará y verá que ya no hay una Cisjordania palestina, que la tierra está libre de palestinos, y que no tenemos más remedio que aceptar los hechos. El mapa de la Cisjordania palestina parece ya un archipiélago fragmentado.

En los últimos meses de 2008, cuando los ataques de colonos ilegales de Cisjordania contra campesinos palestinos se convirtieron en un hecho cotidiano, el Estado de Israel trató de contener los excesos (el Tribunal Supremo ordenó la evacuación de algunos asentamientos, por ejemplo); pero, como advirtieron muchos observadores, es inevitable ver esas acciones como unas medidas poco serias para contrarrestar una política que, en el fondo, es la política a largo plazo del Estado israelí, y que viola de forma increíble los tratados internacionales firmados por el propio Israel. Lo que dicen los colonos ilegales a las autoridades israelíes es: estamos haciendo lo mismo que vosotros, sólo que de forma más abierta, así que ¿qué derecho tenéis a condenarnos? Y la respuesta del Estado, en definitiva, es: sed pacientes, no os apresuréis, estamos haciendo lo que queréis, sólo que de manera más moderada y aceptable...

Es la misma historia desde 1949: Israel, al tiempo que acepta las condiciones de paz propuestas por la comunidad internacional, cuenta con que el plan de paz no va a funcionar. Los colonos descontrolados, a veces, recuerdan a Brunhilda en el último acto de La Valkiria de Wagner, cuando echa en cara a Wotan que, al desobedecer su orden explícita y proteger a Siegmund, sólo estaba haciendo realidad los deseos de él, que se ha visto obligado a renunciar a ellos por presiones externas, igual que los colonos ilegales hacen realidad los verdaderos deseos del Estado a los que ha tenido que renunciar por las presiones de la comunidad internacional. Mientras condena los excesos violentos descarados de los asentamientos "ilegales", el Estado israelí promueve nuevos asentamientos "legales" en Cisjordania y sigue estrangulando la economía palestina.

Una mirada al mapa cambiante de Jerusalén Este, donde los palestinos están cada vez más encerrados y ven su espacio recortado, es suficientemente significativa. La condena de la violencia antipalestina ajena al Estado oculta el verdadero problema de la violencia de Estado; la condena de los asentamientos ilegales oculta la ilegalidad de los legales. Ahí está el doble rasero de la alabada -por imparcial- "honestidad" del Tribunal Supremo israelí: a base de dictar de vez en cuando una sentencia en favor de los palestinos desposeídos y calificar su expulsión de ilegal, garantiza la legalidad de la mayoría de casos restantes.

Y, para evitar cualquier malentendido, que quede claro que tener todo esto en cuenta no implica, en absoluto, mostrar "comprensión" hacia los inexcusables actos terroristas. Al contrario, ofrece la única base desde la que es posible condenar los atentados terroristas sin hipocresía.

http://www.elpais.com/articulo/opinion/sucede/sucede/nada/elpepiopi/20090822elpepiopi_4/Tes