Dejando de lado la práctica del dedazo de Calderón, finalmente lo que demuestra el PAN con la elección de La Wallace como candidata a Jefe de Gobierno del DF, es que no tiene candidatos srios para el DF. De toda su militancia, no se hace un candidato viable... había que apresurarse a importar, lo que sea, de dónde sea, había que hacer cualquier cosa para que el DF se tiñera de blanquiazul... ¿Patadas de ahogado? ¿Conciencia de que en el DF no se convence a punta de visitas papales y de bombardeos mediáticos?
Por otro lado, Wallace es una empresaria. Ella demostró su temple por la muerte de su hijo: al enfretarse a la policía y al poder ganó notoriedad; ahora que el duelo de su hijo ha terminado, es hora de capitalizar la hacienda mediática reunida.
Sin duda será una aguerrida candidata, pero la ciudadanía está consciente de que la ciudad de México necesita algo más que líderes recién horneados, algo más que madres.
La Wallace es otro ejemplo de como el poder coopta a ciudadanos; los neutraliza y utiliza para maquillar sus causas perdidas.
Los líderes chaqueteros eran conocidos. Las madres chaqueteras causan una honda impresión, sorpresa, desaliento: ¿hasta dónde lleva la fuerza de la ambición? Al aceptar la candidatura al DF, la Wallace ha echado otra paletada de tierra a su hijo: poco importa que sea de lodo.

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